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Inicio / Cuenteros Locales / fabiangs / El día que murió el perro negro

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Todos en el pueblo odiaban a Clemente; era un hombre de carácter fuerte, descortés, malvado, grosero y prestaba dinero con intereses excesivos, pero este sentimiento de rechazo no era solo del pueblo, era también de su familia.

Una vez su esposa al regresar del mercado, encontró en su casa un charco de sangre, era del perro negro de los vecinos, los Ramírez; que yacía muerto y acuchillado. Clemente, le había quitado la vida tan solo por que el animal se había introducido en su casa.

Ese mismo día Clemente salió a pasear en su caballo y sintió un fuerte dolor en el pecho, cayó súbitamente.

Clemente se encontraba ahora en un velatorio, como ha de suponerse, no asistieron muchos. Lo que nadie sabía, era que Clemente no estaba muerto; él percibía lo que estaba ocurriendo. Intentó gritar, hizo espasmódicos esfuerzos para abrir la tapa pero no se podía mover, sus labios y su lengua se habían resecado, su corazón palpitaba de angustia, nunca había sentido tanto temor como en ese momento.

Clemente nunca había sido piadoso y después de todo un día encerrado en el ataúd sin poder moverse, imploró a Dios por su auxilio.

Su esposa y su hijo se acercaron al féretro. Su esposa con susurro musitó: - Ahora todo será diferente. Algunos otros también se acercaron a despedirse y en murmullo le decían palabras obscenas descargadas por el odio que sentían.

La angustia se apoderaba de Clemente al escuchar los pasos de la procesión; recordaba todo el mal que había hecho, los golpes a su mujer, las humillaciones al hijo, las peleas con la gente del pueblo, la muerte del perro negro. Pidió a Dios que si lo sacaba de ese suceso; cambiaría para bien, no soportaba la idea de imaginarse que lo sepultarían vivo. Comprendió que había obrado mal y que en la vida no se puede ser tan perverso, porque el que mal anda, mal acaba.

De pronto, cuando echaban las primeras palas de tierra sobre la tumba, todos escucharon estupefactos un ruido que venía del ataúd. Durante unos momentos todos se quedaron paralizados de espanto.

Con ayuda de los presentes Clemente salió de allí. A lo lejos del cementerio, cerca del árbol de Ceiba, Clemente vio al perro negro de los Ramírez, este lo observó por un rato, luego desapareció.

Desde ese día, Clemente se convirtió en un hombre bueno y piadoso.

Texto agregado el 18-09-2005, y leído por 109 visitantes. (15 votos)


Lectores Opinan
2006-05-02 21:29:30 Terrible que muchos seres humanos para cambiar su forma de vida tengan que pasar por cicuntancias horribles, y eso que algunos ni siquiera por estas circustancias cambian... JYREOX
2006-03-26 23:10:11 Yo hubiera enterrado vivo a Clemente... con el ataúd boca abajo. Muy bueno tu texto. Cchp
2005-11-11 18:39:01 Hola: Tu cuento me mentuvo interesado de principio a fin. Pero con sinceridad, porqué no dejar que algunos razonamientos se los haga el lector mismo. Yo le quitaría: "quién mal anda mal acaba"... Es una deducción lógica. Y también, "Clemente desde ese día se convirtió en un hombre bueno y piadoso". Es obvio que con semejante experiencia cualquiera se regenera, pero de a huevos... Todo lo demás perfecto, te felicito. Mis cinco estrellas. josedecadiz
2005-09-29 03:28:54 Es triste que la gente solo se de cuenta de sus errores cuando estos los cubren con tierra, Clemente tuvo la suerte de estar vivo en ese momento, pero su historia me hace meditar en mis culpas y recaigo que no quisiera estar muerto para que me caigan los pesares de los que vivo no me percaté. Una enseñanza casi tan excelente como tu cuento. Mis estrellas a este escrito que parece gritarle a la existencia: ¡Pensá lo que hacés! jean_paul
2005-09-28 16:15:55 Muy bueno este cuento, me dolió cuando mató al perro, sin embargo haces notar la nobleza de los animales. Por otra parte transportas al lector al borde de la desesperación cuando están a punto de enterrarlo vivo. el final lo dejas un poco a la imaginación de cada quién, me gustó ***** KarlaMoreno
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