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Inicio / Cuenteros Locales / MTejos / Fue el viento

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Recordé súbitamente aquel suceso guardado por casualidad en un rincón de mi memoria, por ahí donde se archiva lo absurdo, aquello que está en proceso de eliminación desde el momento en que fueron vividos, pero que por uno u otro motivo nunca fueron abandonados. Incongruencia y una absoluta falta de lógica eran los patrones que guiaban ese desordenado desencadenamiento de ideas. Y la verdad es que en aquel momento no se si podría haberlos definido como lo estoy haciendo ahora. Simplemente recordaba, de allá a acá, vacaciones, recuerdos de un individuo gordo y hediondo caminando por las calles, un libro con obras teatrales que debíamos memorizar como tarea, personajes infaltables en las rutinarias reuniones juveniles, y mucho más. Mucho más. De hecho, no solo me limitaba a rebobinar recuerdos. Me proyectaba más allá del presente. Aun no tengo claro si inventaba ideas de futuro, si lo que hacía era planificar, o imaginar la vida de otras personas en contextos diferentes al mío, pero que de una manera u otra me identificaban plenamente. Y seguía atento, a lo externo y a todo lo demás. Las señales sensoriales se inmiscuían en mi subconsciente y me llenaban de melancolía, y otros me hacían calcular y reír. Estaba allí pero no estaba. Física e inconscientemente me encontraba concentrado, pero no me preocupaba. Y de pronto tomé aquel tubo de lápiz plástico y transparente y lo comencé a girar. No de cualquier manera, sino alineado de tal manera en relación a los rayos que penetraban por la ventana que formaban un difuso y destellante arcoiris de delgadísimas formas, que tomaba mil y otras incontables formas al girarlas en sentido contrario al que yo lo miraba. Y si cambiabas el sentido y lo girabas hacía allá, esa figura con forma de ritmo cardíaco sicodélico bailaba hacia el otro lado, siempre moviéndose al ritmo que tu pusieras las notas de rotación del bolígrafo traslúcido. ¿En qué estabas? Ahora que piensas lo describes. En aquel momento en que giraba mis útiles de trabajo no pensaba en ello, sólo pensaba en que hubiera pasado si hubiera sobrepuesto aquellos rayos deformes sobre otro lápiz de similares características. Pero no tenía otro ¿Y qué? Si me ponía a pensar, cada uno de los que allí se encontraba sentado tenía al menos uno de ellos empuñado entre las manos. Era cosa de pedirlo y ya. Pero de los …ticinco que había en clases, quizás no más de un cuarto o un tercio tendría de los transparentes. La mayoría son de esos opacos que no dejan pasar la luz. Pero aún quedan varias las alternativas, pero mas de la mitad está a una distancia considerable como para andar mandando recaditos por un lápiz. Y otros que te considerarán idiota por no entender eso de los ritmos cardíacos sicodélicos. Y de los cinco restantes que tienen sus bolígrafos limpios y transparentes, útiles para esta cuestión, están escribiendo octetos trigonométricos o no se qué cosa. Y cuando notaste que ya no habría otro lápiz, corrió una suave brisa, que movió una nube, que ocultó el sol y el destello bailarín desapareció.

Texto agregado el 25-09-2005, y leído por 28 visitantes. (0 votos)


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