Salió del callejón desesperada, con las manos en la cabeza, no encontraba lugar, buscaba por toda parte que darle a su único hijo.
Estaba totalmente turbada porque no sabía que hacer con el poco dinero que poseía, no sabía si buscar comida para apalear la horrible hambre que estaba matando a su hijo o buscar algún médicamente para quitarle el fuerte dolor.
El niño solo se quejaba con pujos mortificantes, estaba acostado boca abajo en una cama hecha de trapos sujetándose fuertemente el estomago, el dolor amenazaba con partirle el estomago en dos, no sabía si era por un dolor o era por la fuerte hambre que siempre lo castigaba.
Su madre había sufrido mucho desde su nacimiento porque el niño nació con muchas complicaciones, pero siempre vencía a sus rivales las enfermedades del tercer mundo, razón por la cual le llamaban Jack Veneno, en honor a un famoso exponente de la lucha libre del país el cual era un prototipo de Hog Hogan, otro exponente de la lucha libre pero de USA, que nunca perdían una pelea y si la perdían era con trampas, así mismo había sido la corta historia del niño Jack Veneno, que ni con trampa perdía porque estaba obligado a ganar todas sus luchas que eran de vida o muerte.
A su madre le decían Doña Tatica, y era una mujer muy maltratada por la dura vida que llevan las mujeres soltera en los países del tercer mundo o en un mundo de tercera, últimamente se había convertido en muy creyente de las cosas divinas, y le daba gracias a Dios porque la había sacado de la prostitución, la drogadicción, la desolación, la maldición y sobre todo de la condenación eterna, era admirable el cambio que había en su vida, pero aún así la miseria no se apartaba ni un instante de ella y su pequeño hijo era quien más sufría las consecuencias de una vida tan miserable que los arropaba de arriba a bajo como si fuese una sabana de poliéster.
En la amplia habitación donde vivían había una cama de trapos mal olientes, una mesa mal hecha y dos o tres utensilios para comer aunque a veces parecían que estaban de adornos. Ella nunca se conformaba con esa terrible vida y entristecía aún más cuando pensaba en el padre de su hijo el cual era un hombre adinerado que nunca le había dado un centavo para la manutención del pequeño.
Un día la mujer se puso a oral al Señor, porque necesitaba que Dios hiciera un milagro como el que hizo el profeta Eliseo cuando una viuda de la comunidad de los profetas le suplicó a él por un milagro, porque su esposo quien era un servidor de Dios, había muerto, y al encontrarse sola se había endeudado mucho y ya estaban a punto de que le llevaran a sus dos hijos como esclavos, porque ellos eran la única garantía que poseía. El profeta Eliseo al ver la dura situación le preguntó: - ¿y que puedo hacer por ti?, y luego siguió preguntando:
-Dime, ¿Qué tienes en casa?, ella naturalmente le dijo que no tenia nada, excepto un poco de aceite. Eliseo le ordenó: - Salgan y pidan a sus vecinos que le presten sus vasijas; consigan todas las que puedan. Luego entra en la casa con tus hijos y cierra la puerta. Echa aceite en todas las vasijas y, a medida que las llenes, ponlas aparte. En seguida la mujer dejó a Eliseo y se fue. Luego se encerró con sus hijos y empezó a llenar las vasijas que ellos le pasaban. Cuando ya todas estuvieron llenas, ella le pidió a uno de sus hijos que le pasara otra más, y él respondió > En ese momento se acabó el aceite. La mujer fue y se lo contó al profeta Eliseo, quien le mandó: >
La mujer salió confiada en que Dios había escuchado su oración, y se puso a buscar vasijas en que echar el aceite que el Señor le enviaría.
Reunió millares de tanquecitos plásticos, cubetas y otros, pero cuando iba a cruzar la calle para llevar el ultimo envase a la habitación un tanquero que iba como la jonda del diablo por poco la arrolla en la avenida, el chofer defendiéndola volcó el camión quedando el enorme vehículo atravesado en la entrada del callejón donde ella vivía y fue allí donde se comenzó a derramar el aceite de oliva que llevaba el tanquero.
La mujer y su hijo rápidamente se pusieron a llenar las vasijas de aceite, mientras el chorro salía perdiéndose en su mayor parte y permanecieron en esa labor por varias horas, cuando completaron de llenar el ultimo envase ahí mismo se terminó de derramar el aceite del enorme tanque y la mujer dio gloria a Dios por el maravilloso milagro.
La habitación quedó repleta de vasijas bien atibadas de arriba a bajo y el aceite de oliva era del más costoso, eran millares de galones envasados en la habitación de aquella mujer de fe que vivió el resto de su vida junto a su hijo gracias al milagro del aceite.
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