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Expediente 2052

Mi esposa y yo cenamos esta noche en casa de Fran y su familia. Nos conocemos desde hace algo más de 12 años, los mismos que llevo trabajando como asistente social en el Centro Local Metropole. Por aquel entonces yo era un recién licenciado lleno de sueños que quería conquistar el mundo. Aunque la realidad era otra, todos los Universitarios terminamos los estudios con grandes conocimientos teóricos pero muy pocos prácticos y no tardamos en darnos cuenta que la verdadera escuela es la propia vida, la experiencia del día a día.
He escuchado muchas veces cómo la gente relata lo inolvidable de su primera vez ; en el amor, en el trabajo y en general en todo lo nuevo e importante que uno emprende. Yo también tengo mis propios relatos como es la historia de mi primer caso real al llegar al centro social, mi primer paciente, Fran. Aquella mañana llegué al despacho y encontré sobre mi mesa una vieja carpeta de color marrón tenía varias anotaciones a lápiz y marcado con rotulador rojo una distinción:“Expediente 2052.”
Por aquel entonces Fran era un joven de 20 años que no había tenido lo que se puede decir una vida fácil. Nació en el seno de una familia de origen humilde y al poco tiempo le detectaron un leve autismo que no fue tratado en su momento. Jamás contó con el apoyo de su familia a pesar de lo cual nunca culpó a sus padres, no guarda ningún tipo de rencor hacia ellos aunque para ser francos tampoco tiene recuerdos gratos ni felices a su lado. Después de él llegaron sus dos hermanos y a las dificultades económicas por las que pasaba la familia se sucedieron unos irreconciliables problemas conyugales entre sus padres. La ruptura fue traumática. Su padre luchó por la custodia de sus dos hijos menores mientras que a la madre no le quedó más que el consuelo tutelar de Fran, quisieron legalizar la decisión ante un notario y ratificarla judicialmente. Aunque pronto fallecería su madre en un accidente de tráfico, el padre consintió que los hermanos mantuvieran el contacto pero renegó totalmente de su hijo mayor y se exoneró de toda responsabilidad ante la situación por la que pasaba su primogénito. Corría el año 1985 y Fran contaba con 15 años cuando esto sucedía y fue trasladado al Metropole por orden judicial. En 1.993 comencé a trabajar allí y aquel chico seguía con nosotros.
Yo había puesto muchas ganas en aquel expediente, quería estudiarlo a fondo y me lo llevé a casa. Sus comienzos fueron duros, llegó en una edad conflictiva y el resumen de su vida lo era más aún, pero su evolución e integración en el grupo había sido tan buena que las dificultades con su autismo parecían haberse acotado. Pero entonces la vida volvía a darle un revés, parecía querer cebarse con aquel chico.
Días atrás se había quejado de fuertes dolores de cabeza y su aspecto era cansino. Su médico de cabecera lo desvió a unos especialistas que hicieron las pruebas pertinentes y habían concluido el mismo diagnóstico: padecía cáncer, una variante de leucemia.
Fran estaba hundido necesitaba todo nuestro apoyo y nos centramos en el importante halo de esperanza que los médicos del Hospital General nos transmitían. Confirmaban que la enfermedad se había diagnosticado de forma precoz pues apenas habían células cancerígenas en el organismo de Fran y las que habían estaban bien localizadas y controladas, insistían en que para su recuperación tan sólo necesitaría unos medicamentos sin necesidad de radioterapia ni quimioterapia garantizando un éxito del 100% . El trabajo no se me presentaba agradable, tampoco fácil pero no fue difícil trabajar con Fran, aprendió a afrontar su situación con valentía y a diario crecían sus ganas por luchar y ganar esta nueva batalla a la vida.
Cuando su padre se desentendió de él en todos los aspectos y su madre falleció, el centro le arregló el papeleo para que percibiera una pensión por parte de la seguridad social en concepto de orfandad acentuando su minusvalía en aquel entonces. Pero la pensión no era elevada, apenas podía ahorrar un poco y el problema que se avecinaba era grande. Las medicinas que necesitaba no las recetaba la seguridad social y el centro no podía acarrear con aquel gasto por tiempo indefinido.
Desde un primer momento tuve una idea y a pesar de que era algo descabellada supimos que era la única posible solución a aquella situación. Acompañé personalmente a Fran a su banco y le comunicamos la intención de solicitar un préstamo para hacer frente a gastos médicos. No quisimos ser muy explícitos pero el trámite burocrático necesitaba argumentar más y mejor la finalidad de aquella inversión. Evidentemente ellos tenían unos criterios de concesión de riesgos que amablemente nos comentaron, basados fundamentalmente en la capacidad de pago y la garantía aportada.
La garantía era personal en base a una pensión que le abonarían de por vida a Fran, pero el problema estaba en el caso de fallecimiento, nos explicaron que necesitaban contratarle un seguro de vida por si dicha incidencia se produjera. Era evidente que las compañías de seguro lo someterían a un reconocimiento médico y una de dos: no lo asegurarían o de hacerlo excluirían la leucemia dentro de sus coberturas. Les facilité el informe médico en el que conocidos especialistas de la materia coincidían en tener una gran fe y absoluta confianza en la total recuperación de Fran si se trataba a tiempo teniendo unas elevadas probabilidades recuperación en un relativo corto espacio de tiempo.
Hoy en día todavía me pregunto los motivos exactos que llevaron al banco a hacer una excepción en sus criterios de riegos y le concedieron el préstamo al joven, tan sólo pusieron como requisito incluir a una persona como su tutor legal, a lo que yo accedí de buen grado.
Fueron ágiles en su trabajo y en menos de una semana le formalizaron la operación y le abonaron el dinero, fue suficiente para comprar las medicinas. Aquello fue para Fran una inyección de energía, luchó por salir adelante y muy rápidamente la mejoría se hizo notable, se esforzó en conseguir un trabajo y su buen hacer, sus ganas y su lucha hicieron que lo consiguiera. No había pasado ni un año y aquella empresa de maquinaria había decidido reconvertir su contrato de temporal a empleado fijo de plantilla, se había ganado su confianza por méritos propios.
El préstamo fue liquidado anticipadamente antes del año. Fran venció su particular batalla contra la leucemia y mucho antes de lo previsto por los médicos.
Hace mucho de aquello y sigue sometiéndose a revisiones semestrales pero siempre y hasta la fecha todas satisfactorias.
Todo esto que cuento como anécdota fue el principio de una gran amistad que hoy en día sigue fortaleciéndose. A menudo Fran me dice que no lo hubiera conseguido sino fuese gracias al apoyo de aquel centro y sobre todo mía. Según sus palabras llegué en el momento preciso al lugar oportuno. Gracias a él descubrí que detrás de un expediente y un diagnóstico hay algo más que letras, cifras, referencias, probabilidades y porcentajes. Hay alguien con ganas de luchar que necesita ayuda.
La cena de hoy ha sido estupenda, como todas y ya concretamos que la próxima será en mi casa. Esta noche Fran está especialmente feliz, su esposa se ha quedado embarazada situación muy deseada y buscada. Sólo tengo tres años más que él por lo que no podría ser su padre, pero en ocasiones siento el orgullo de un hermano mayor ante los logros de su hermano pequeño.


Texto de claraluz agregado el 30-09-2005.
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