La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net - claraluz - 'Entre notas y silencios.'


Entre notas y silencios.



He leído con cierto agrado una frase de Goethe opinando sobre mi “¿Cómo si no podría manifestarse la Divinidad a no ser por la evidencia de los milagros que se producen en algunos hombres que no hacen sino asombrarnos y desconcertarnos?”
Otros desconocidos me calificaban como persona desenvuelta, inteligente, de gran habilidad con una extraordinaria capacidad creadora y de expresividad superior a mi tiempo.
También he escuchado decir que era un genio demasiado peligroso para la mediocridad de mis compañeros de profesión.
Pero la historia quiero comenzarla atrás en el tiempo en un país llamado Austria y una ciudad, Salzburgo, cuando el 27 de Enero de 1.756 llego al seno de una pequeña y unida familia. Mi padre se llamaba Leopod, era violinista y trabajaba como músico al servicio del arzobispado de la ciudad. Mi madre, Ana María era muy dulce y alegre, amable con todo el mundo, una mujer muy discreta y sencilla. Y mi querida hermana Mª Ana, que todos llamábamos cariñosamente “Nannerl”, era cuatro años mayor que yo.
Desde muy pequeño recuerdo jornadas de Domingos en casa, rodeados siempre de música con la compañía de amigos que bebían vasos de cerveza acompañados de salchichas austriacas. Mi hermana Nannerl empezó a recibir clases de clavecín y mis ojos no se separaban de aquellos acordes, seguía con el mayor de los entusiasmos el sonido de sus notas.
Sólo tenía 5 años cuando mi padre me regaló un violín para que jugara con él. Recuerdo una noche que llegaron dos amigos a casa ( Wenzel y Schatner), eran músicos y al igual que mi padre trabajaban en la corte. Habían quedado para ensayar juntos y yo ni corto ni perezoso quise tocar la parte de Schatner a lo que mi padre se negó y me regañó por proponérselo. Tan grande fue mi insistencia que al final accedió y me permitió tocar pero con la condición de que lo hiciera con suavidad para no entorpecer su ensayo. Al terminar los tres se quedaron asombrados, yo había interpretado sin ningún error la obra de principio a fin. Me parece estar escuchándoles ahora nuevamente; “Es un niño precoz”-dijeron. Mi padre creyendo ver grandes dotes para la música me explicó que iba a llevarme de gira.
Primer destino, Munich. Era sobre el mes de Enero de 1.762 porque yo acababa de cumplir 6 años. Allí toqué bajo la atenta mirada de las cortes del país. Un año más tarde llegamos a Viena y mis conciertos fueron con asiduidad en el palacio de Schömbrunn. Con 7 años recorrimos varios países, Augsburgo, Maguncia, etc… hasta llegar a la corte Francesa en noviembre de 1.763 donde publiqué mis primeras 4 sonatas que dediqué a la princesa Victoria de Francia.
Nuevo viaje, el 4 de Abril de 1.764 , fuimos a Inglaterra, donde permanecimos 15 meses consecutivos por enfermedad de mi padre, tiempo que aproveché dando conciertos y cultivando una estrecha amistad con mi querido Juan Cristian (el hijo menor de J.S. Bach).Cuando mi padre se recuperó regresamos a Francia , luego a La Haya hasta que ya con 10 años retorné a Salzburgo para un año más tarde volver a Viena, allí tuvimos que refugiarnos en Olmütx porque nos contagiamos de viruela en la epidemia del año 1.766. Cuando me recuperé recibí el encargo del Emperador de escribir una ópera que titularía “Finta Semplice”. Sentí impotencia y rabia ya que las malas lenguas y la envidia dijeron que no la había compuesto yo sino mi padre. El resultado de todo aquello fue que la ópera no llegó a representarse nunca.
Al año siguiente el arzobispo de Salzburgo me nombra maestro de capilla y poco después marché para Italia donde permanecí hasta los 15 años. Aquella si fue una época triunfante y muy importante en mi vida. Guardo buenos recuerdos y también muchas anécdotas como cuando estaba en la Capilla Sixtina y escuché el “Miserere” de Allegri, inmediatamente saqué una partitura y lo escribí de memoria. Cuando el Papa Clemente XIV se enteró de esta hazaña me mandó comparecer ante él y como reconocimiento me confirió la dignidad de “Caballero De La Espuela De Oro”.
Pero mi situación económica no era muy buena. Así que con 21 años decido ir a Munich con mi madre, buscaba por las Cortes Europeas un lugar mejor remunerado y más satisfactorio que Salzburgo. De esa forma llegamos a Mannheim, la que por aquel entonces era la capital musical Europea, pero las expectativas no se cumplieron. Allí me enamoré por primera vez de la joven Aloysa Weber, pero no fui correspondido.
No tardamos en partir hacia Francia donde un duro golpe nos esperaba; mi queridísima madre fallece y el menosprecio de los aristócratas no hacía más que acrecentarse. Cúmulo de circunstancias que hizo de aquellos momentos uno de los peores de mi vida. Pasados 3 años decido romper mis relaciones laborales con el príncipe-arzobispo de Salzburgo y me traslado definitivamente a Viena, donde conozco y cultivo una gran amistad con mi gran amigo Haydn a quien más tarde le dediqué seis de mis cuartetos. También me reencuentro con los Weber y conozco a Constanze (hermana pequeña de Aloysa) una dulce mujer que voy conociendo poco a poco y de la que me enamoro perdidamente.
Muy a mi pesar, mi padre y mi hermana rechazaron a Constanze desde un primer momento. Mi padre no apreciaba a la familia Weber y no recibí su bendición ni me obsequió con su presencia cuando el 4 de Agosto del año 1.782 decido casarme en la catedral de S.Esteban (Viena). Fui feliz al lado de mi esposa, aunque no todo fue un camino de rosas empezando por la muerte de nuestro primer hijo fallecido al mes de su nacimiento. Tuvimos un total de 6 hijos aunque solo sobrevivieron dos, mis queridos Carl Thomas y Fran Xaver Wolfgang.
Fueron años de felicidad pero no completa. Nuestra situación económica seguía siendo muy precaria. Los críticos decían que mi música era cristalina, sugestiva, llena de encanto y honda expresividad con un toque aparentemente sencillo. Pero lo cierto es que a pesar de todo no reconocían mi trabajo.
Sin embargo para mí fueron años de gran evolución artística. El éxito y aceptación que no alcancé en Italia lo logré en Praga, sirvan de ejemplo dos obras a las que tengo mucho cariño; “Las bodas de Fígaro”, muy hermosa, pero que fracasó el día de su estreno por la malevolencia de los italianos, por contra en Praga alcanzó un clamoroso éxito que me convirtió en una especie de ídolo para aquella ciudad. Y la obra “Don Juan” que escribí en unas cuantas horas de la noche del 28 al 29 de Octubre del año 1.787. Yo vivía agasajado hasta lo inaudito por los habitantes de Praga, no me daba reposo para componer la obertura encargada, asistía a reuniones y me entregaba al baile con el mayor de los entusiasmos. Aquella noche estaba en una de esas reuniones cuando el empresario de la obra se dirigió a mí diciendo:
- ¿Ya ha escrito usted la obra? Aún no la he visto.
- Está aquí- le dije yo- mientras señalaba con un dedo mi frente.

El buen empresario me lo volvió a preguntar tres veces más y cuando escuchó por tercera vez la misma respuesta, cortésmente insistió:
- Si, querido maestro, pero los músicos no van a leer en su mente la partitura.

En aquel momento me retiré de la reunión y le pedí a mi esposa que hiciera una jarra de café mientras le decía con dulzura:
- Mi pequeña Stanzi, no dejes que me duerma.

A las cinco de la madrugada el cansancio me venció, a mi esposa le había dado pena no dejarme dormir. A las ocho la partitura ya estaba terminada pero faltaba sacar copias para cada instrumento.
El estreno de la obra era a las siete de la tarde de ese mismo día (29 de Octubre). Había un lleno total pero llegada la hora no había indicios de que empezase la obertura, una hora después de lo previsto repartían las partes en los atriles de la orquesta y los músicos salieron a ocupar sus lugares. Yo estaba nervioso, un poco acongojado y recuerdo que sudaba copiosamente, tenía que dirigir a unos músicos que veían la partitura por primera vez y no habían escuchado la obra antes. Quedé satisfecho del resultado y a juzgar por el sonoro aplauso del público al finalizar la obertura la misma fue todo un éxito.
Un mes después recibo el nombramiento de compositor de la corte pero mi sueldo era de 800 florines al año, lo que no alcanzaba para remediar mi pobre situación económica.
Dos años después, contaba con 33 años y comenzaba a sentir los primeros síntomas del mal que me llevó a la muerte.
Ya estaba enfermo poco antes de terminar la “Flauta Mágica” cuando un desconocido hombre vestido de gris se presentó a encargarme una “Misa de Réquiem”. Era un encargo muy bien pagado.
Se que a partir de aquí sólo hay leyendas acerca de esta mi última obra y mi muerte, y yo no pretendo cambiar el curso de la historia. He leído que fue el músico italiano Antonio Salieri quien me hizo este encargo. Todos sabemos que Salieri fue un consumado diplomático que no perdía ocasión alguna para sacar partido a todo siempre en beneficio suyo; Se acercaba al poderoso usando la lisonja, explotando su vanidad, compartiendo ideas e incluso adaptándose a sus gustos. Estableciendo de esa manera el camino más seguro para alcanzar honores, bienes y privilegios. A mi no se me escapaba que yo representaba para él una competencia en aquellos momentos, Salieri pensaba que podía desplazarlo y además le preocupaba el hecho de que yo era más joven que él. Todos recordamos lo que le ocurrió a Glück, un músico de la época al que conquistó su amistad para representar en París su ópera “Las Danaides”. Lo hizo anunciar como si la hubiesen compuesto entre los dos, pero cuando ya el éxito estuvo asegurado manifestó que él sólo la había escrito.
En estos momentos me consuela saber que sus recursos cortesanos le dieron el triunfo aunque fuese pasajero y que en la actualidad cada cual tiene su lugar.
Volviendo a la Misa Réquiem, yo no podía quitarme de la cabeza la imagen de aquel desconocido que veía por todas partes y me rogaba impaciente terminase la obra. El 4 de Diciembre de 1.791, muy enfermo, les pido a los amigos que me acompañaban en casa me ayudasen a cantar la “Lacrimosa” de la incompleta obra, pero a mitad de la misma rompieron en sollozos. Posteriormente di a mi querido discípulo Süsmayer indicaciones para terminarla.
Llevaba días muy débil, la semana anterior le confesaba a mi esposa que me habían envenado, lo pensaba aunque la fiebre muy alta me hacía delirar. Aquella noche me acompañaba mi siempre fiel Stanzy, su hermana Sofía y Süsmayer, los tres arrodillados junto a mi lecho llamaron a un sacerdote para administrarme la extremaunción. A medianoche me despedí de mi familia volviéndome hacia la pared. Mi esposa me tocaba comprobando que había fallecido, era la una de la madrugada del 5 de Diciembre de 1.791. Al día siguiente organizaron el entierro en medio de una furiosa tempestad que dispersó al cortejo fúnebre. Con el paso de los años levantaron un monumento en el sitio donde descansan mis restos.
Por entonces no tenía legado que dejar a mi familia salvo una consoladora pensión de viudedad que concedieron a Constanze, hoy en día veo que la herencia que dejé a la humanidad es amplia y consta, entre otras obras, de 46 sinfonías, 20 misas, 178 sonatas para piano, 27 conciertos para piano, 6 conciertos para violín y 60 composiciones orquestales.
Yo me quedo con una frase que recientemente descubrí habían escrito sobre mí:
“Su genio como flor inmarcable se recordará para siempre y su música perdurará con exuberante lozanía”.

Atte.
Fdo: Wolfgang Amadeus Mozart.
P.D: Con todo mi cariño y respetos al mayor genio de la música clásica. (Claraluz).


Texto de claraluz agregado el 30-09-2005.
La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net