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Inicio / Cuenteros Locales / vaerjuma / Hombre quieto (a ErgoZsoft)

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HOMBRE QUIETO

Vengo desde alguna parte y estoy esperando, en la fea terminal de ómnibus de Villaguay, para seguir mi viaje. Ya no me acuerdo de dónde es que vengo, ni a dónde es que voy ahora. Estoy solo, mirando ninguna cosa en el resplandor rojizo de las luces que se reflejan en el cielo encapotado sobre la ciudad. Hace frío, el banco es incómodo y me he quedado sin cigarros. Los minutos pasan demasiado lentos para mi ansiedad y no puedo dormir…
Un hombre sin equipaje, alto, flaco, de barba canosa y ojos profundamente negros, está sentado más allá, también solo. La falta de valijas o bolsos me hace suponer que está haciendo tiempo para ir al trabajo o para volver a su casa. Fuma sin parar, uno tras otro.
Cuando no aguanto más me acerco, lo saludo y, con un descaro que no me molesta ni a él parece importarle, le pido que me convide un cigarrillo.
-¿Hace mucho que espera? –me pregunta.
-Demasiado para mi gusto, amigo. Ya no sé qué hacer para que el tiempo se haga más llevadero… Y, como ve, hasta me he quedado sin poder fumar, para colmo de males…
-Sí, son molestas las esperas.
-¿Se va de viaje, también?...
-No.
-¡Ah!... ¿Está haciendo tiempo para volver a su casa?...
-No.
-¡Ah!...
Parezco un idiota preguntando lo que, evidentemente, no quieren responder y decido volver a la dureza de mi banco. Doy las gracias y ya me voy cuando, con un gesto, me pide que me quede y dice:
-Tabaré Larrazabal se llamaba…
-…
-El que esperaba en el puerto de Concepción del Uruguay, allá por el año 1979… Si quiere le cuento.
-…
-Parece que el hombre esperaba algo. Desde antes de la salida del sol que estaba así, quieto, sentado en la punta norte del puerto, de cara al río, mirando la isla Camba Cuá, la costa uruguaya, la lejanía, la nada… Cada tanto encendía un cigarro de hoja, de los baratos, y tomaba un trago de la botella de vino tinto y caliente que estaba a su lado. El calor era irritante y húmedo, pero al hombre parecía no importarle, él sólo esperaba… Se hizo la tarde de ese día, y también la noche. El hombre no se movió. El hombre estaba quieto. Quieto…
-Siga –le digo, mientras me acomodo mejor y me siento junto a él.
-Bien entrada la madrugada, una canoa que traía un hombre flaco, alto y de barba canosa se asoma de a poco, lentamente, a la boca del canal… El de la canoa venía desde el otro lado de la isla, desde más atrás del banco de arena, desde el lado uruguayo. Se acerca hasta donde el hombre sigue sentado, y cuando llega, salta a tierra, mira al otro a los ojos, se agacha un poco más, y sin palabras, sin decir una sola palabra, lo ensarta en el estómago con un cuchillo de hoja mellada… Una sola vez lo ensarta, con odio, hasta el mango, y agranda la herida haciendo un tajo largo hacia el costado derecho. Sabe que no hace falta más…
-Convídeme otro cigarrillo, por favor –le digo.
El hombre saca el atado, me extiende uno y me lo enciende, prende uno él también y después de una intensa pitada sigue hablando.
-El ensartado agranda la boca, pero no grita. Se mira la herida abierta por donde asoman sus tripas ensangrentadas y sucias con mierda y es lo último que ve antes de morirse… Así pasaron las cosas, amigo… Y como ya le dije: Tabaré Larrazabal se llamaba el matador… y Tabaré Larrazabal se llamaba, también, el muerto.
-Así pasaron las cosas, dice usted, con mucha simpleza… ¿y qué más?
-El hombre quieto, el que esperaba, había renunciado hacía muchos años a una mujer en Tacuarembó. No había querido, o no había sabido amarla y se vino para Argentina escapando en las sombras de su propia sombra que le reprochaba. Pasaron los años, varios, y terminó con sus huesos en Concepción del Uruguay, hombreando bolsas en los barcos del puerto, a falta de algo mejor… El que ni siquiera se atrevió a escapar, él mismo, el que se quedó en el pueblo para que ella lo repudiara, nunca se lo perdonó y esperó siempre el momento de cobrarse esa cobardía…
-¿Qué pasó con Larrazabal? ¿Lo sabe?...
-Murió.
-No digo ése Larrazabal, sino el matador.
-Murió. Matándose, murió, lógicamente. Así pasaron las cosas… Prefectura encontró el cadáver cuando hacía el rondín, pero nunca pudieron desenmarañar el crimen y ya han cerrado el caso para siempre…
-Nunca podrán saber, por lo que veo.
-No, quédese tranquilo.
-Gracias por avisarme…
No dice nada… Me extiende el paquete de cigarrillos para que tenga hasta que abran los quioscos y pueda comprarme los cigarros baratos, esos que me gustan tanto. Después se va, caminando lentamente, hasta perderse en la noche de Villaguay.
Cuando llegue mi colectivo subiré sabiendo que mi destino, sea cual sea, será, por fin, el último, que ya no habrá necesidad de seguir huyendo… Y sé que un día, también, voy a poder volver a Tacuarembó… Pienso si habrá sido una coincidencia que un hombre alto, flaco y de barba canosa, como yo, haya sido el mensajero que esperé por tanto tiempo, o si tal vez alguno hace que las cosas pasen así… Nunca lo sabré.
Comienza a llover. La cicatriz de la herida del vientre me duele un poco con la humedad, pero no me importa. Me acurruco en el incómodo banco y vuelvo a ser, como aquella vez, un hombre quieto que espera.

Texto agregado el 30-09-2005, y leído por 269 visitantes. (9 votos)


Lectores Opinan
2006-01-19 18:29:55 Muy bueno, mantiene el suspenso hasta el final!!! ***** Ulrica
2005-11-13 11:08:57 las muertes que no son infinitas no son elhombreazu lon
2005-10-26 19:06:44 El final de esta historia, es fabulosa, manejas muy bien el suspenso, este género es de mis favoritos, además, es interesante que en una historia se cuente otra al mismo tiempo. ¡Fabuloso!. Sabes atrapar al lector. ***** fabiangs
2005-10-25 17:34:35 Muy bueno! La atmósfera es impecable. Casi siento la necesidad de ir a llevarle cigarrillos... ceheneo
2005-10-25 16:41:25 Genial... Pablito... qué manera de meternos esta historia... sos un gran cuentero... ***** Sé de alguien que le fascinaría... me directito a decirle :P Aniuxa
2005-10-19 21:36:46 Se me hizo corto pero no era corto, se me hizo que terminaba de una manera y terminó de otra. Se me hace que está bueno nomás, primo-hermano. Un abrazo y cinco estrellas. JEF
2005-10-12 21:51:32 Espectacular!!! La intriga, la incognita... No hay dudas estás para el Nobel, amigo. caio
2005-10-12 21:51:05 Espectacular!!! La intriga, la incognita... No hay dudas estás para el Nobel, amigo. caio
2005-10-06 19:23:32 Guau!!!...vaya historia típica de las tuyas. Leerlo es como una espiral, sigues, sigues y sigues sin parar, pero con la intriga de pensar: ¿y cómo me sorprenderá ahora?. Éso...sorprendente y genial. *****estrellas y un abrazo muy fuerte. Eulba
2005-10-03 15:41:39 Siempre me hacés releer, me dá vueltas el marote, soy más duro que cascote, y me cuesta comprender. Menos mal que en el entuerto, imaginando al que espera, con barba blanca en la pera, como loco me divierto. ¡ Sos un grande ! ergo ergoZsoft
2005-10-01 16:44:00 Excelente, como siempre. Tuve que hacer un gráfico para saber quien es quien. Felicitaciones y van mis 5* jorval
2005-10-01 01:56:15 Creo que ya tenés en estos cuentos la marca tuya (el estilo Salomone), el desconcertante estilo de suicidios que de alguna manera son venganzas, o arreglos de cuentas de personajes Borgeanos que habitan la costa del Uruguay... Al fina el hombre quieto (el que piensa y espera en algún paraje entrerriano, pitando siempre algún faso) sos vos tratando de entretenernos (y quien más que vos para esta calida de texto?) Si te preguntan cual es la forma del viento ..., seguro que te ponen en un aprieto, pero si la pregunta es donde comienza..., es desde aquí, y de aquí mi abrazo fraterno. CalideJaco bacci
 
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