Corazones engalanados,
dispuestos a ser las mejores ofrendas.
En aquel baile,
los cadáveres eran reyes
sin trono sin corona sin cetro,
pero con magníficas capas
a sus espaldas.
(Como héroes del cómic de mitad de siglo...)
En aquel baile,
Éramos cien, mil, un millón,
o sólo unos cuantos
duplicados, triplicados,
hasta llegar a convertirnos
en un auténtico ejército de camposanto.
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