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Una velada junto a ti, sin estar contigo

Esta noche tuve una velada junto a ti, mi forma de acoplarme a no poder tenerte cerca. Me imaginé que alumbrabas mi cuarto con tu presencia, y hasta me atreví una pauta para buscarte en mi silencio.
Te pudieron sentir mis manos, y mi piel se perdió en el recuerdo de tocarte. Entusiasmado con la propuesta mi mente recordó tu olor, y al percibirte me circulaste en forma de corriente nacida en mis pies. Encendí las velas en tu honor y con el parlante a voz de jazz procedí animado a abrirte una botella de vino. Uno rojo, de la cosecha tardía por ser mas dulce, uno de los que te gustan. Seguí su bailar en mi copa con la mirada atenta, se abrazaba del vidrio y suspiraba desde su estante el seductor aroma.
Me imaginé frente a mí tu linda carita, viajé en esos ojos grandes llenos de vida, jugué a los esquimales con tu nariz, y perdí la libertad de mis manos en la jungla de tu lindo pelo. En un descuido de la mente, mi cordura empezó a hacerte preguntas, las cuales tus recuerdos se apresuraron a contestar cabalmente. ¿Será que te conozco más de lo que yo mismo me doy cuenta? ¿Será que ni aunque intente darle forma y tiempo a lo nuestro, es mucho más grande e intenso que el límite de mis más extremas ocurrencias?
Te recordé en claustros de momentos bien vividos. Miré a mi lado derecho, y noté tu mirada fija en el show, riendo con las jugarretas de los actores del teatro, y vibrando al mismo tiempo que yo con la música en vivo de la orquesta. Luego me perdí en el recuerdo de un parqueadero desierto, donde la ciudad de Toronto coqueteó con las luces y figuras de sus rascacielos. La noche recién nacida se acomodó a estar oscura, y te volví a sentir junto a mí. En mi carro, los dos solos dejamos escapar suspiros del alma, y así te conocí un poco. Casi sin registrarlo me escapé a otro recuerdo, y esta vez la clave de una salsa me dio apuntes de lo ocurrido, así pude sentir mi mano en tu cintura con la energía palpable. El ritmo nos usó cuan muñecos y nos dejamos llevar. En un descuido después de una vuelta, me tuve que robar un beso. El escenario cambió, esa vez las aceras estuvieron vestidas de rosas y flores. El calor aun reinaba en la estación, y la vibración de esa ciudad de Niagara nos transportó a otro lugar, fuimos turistas en nuestro propio país. Sentí tu mano agarrando la mía, mientras te perdías entre la belleza a tu alrededor.
…luego me tomé una buena copa de vino.
Tuve una noche alucinante a tu lado, te besé y te toqué entera, por dentro y por fuera. Fue una noche de velada junto a ti, sin estar contigo.


Texto de baldomero agregado el 16-10-2005.
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