He de matar la memoria y no el amor, porque el amor no es quien me asesina en las noches y en el día, cuando duermo y cuando sueño contigo. Es tu recuerdo. El recuerdo de la traición. El olor a desconfianza que se impregna en mi piel. Esa actitud mezquina tan tuya y tus lágrimas falsas. Eres el diablo hecho mujer. Eres la desgracia maldita que acabó con mi ingenuidad y mi poesía. Y yo el imbécil qu etrataba de ver más allá de lo obvio, más allá de lo que eres. Ya te deje de odiar, y sé que voy a olvidar por mi propia dignidad, y la decepción me va a ayudar. Ojalá Dios te pueda perdonar cuando mueras. Yo te perdonaré cuando estés bien muerta. Estas son las últimas líneas que te escribo y estos mis últimos segundos para crer en algo. Descansa en paz. |