Ya no quiero estar aquí en estas cuatro letras, tan gigantescas, tan blancas, tan nauseabundas…
Siempre le tuve miedo al bote de “Tecate” (¿quién lo diría.. ?) enorme y lleno de aire, mirar hacia arriba y observar como se mecía lentamente… como si estuviera drogado y pensara en Alicia en el País de las Maravillas; o el “brinca-brinca” con una horrible cabeza de oso panda a la entrada, que también repetía movimientos atemorizantes.
Me producen mareos todos esos recuerdos, y por supuesto tanto dolor al terminar de recordar, recobrar el sentido de la gran masa frente a mí y darme cuenta que al pasar de los años estoy en el mismo lugar y de igual estatura, ya con poco oxígeno.
En estos días ya no me agradan las pesadillas… constantemente su temática no es otra más que la realidad.
Quisiera probar hongos alucinógenos.
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