¿Qué hacer para que el tiempo se detenga?, y sumiso ante mi mandato no encuentre más alternativa que seguir estos mis pasos, siempre laxos y persistentes.
Desde hace algunas lunas marcho despacio, más por necesidad que por decisión propia. Con cansancio extremo he llegado a este punto, y aunque más de una vez intenté recuperar las energías perdidas, mis manos se han resistido a escuchar a mis ya pesados ruegos. Y altaneras, y traicioneras, sonríen a medio tono, gozando en silencio del temor hoy rey, cuyo poder reposa sobre la obra hecha, una obra que amenaza con luz enceguecedora.
De la oscuridad salgo con resistencia. Me empujan violentamente y tras aparatosa caída debo reponerme íntegra, radiante. Quiero que me escuchen. Hace tanto que quiero que me escuchen.
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