La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net - Eddy_Howell - 'El momento inolvidable (Ed. Extendida)'


El momento inolvidable (Ed. Extendida)


EL MOMENTO INOLVIDABLE

Las desgracias vividas, amontonadas sobre sus hombros, provocaban que anduviera encorvado y arrastrando los pies y junto a los harapos negros que cubrían todo su cuerpo, le hacía parecer un espectro. Caminaba por esa parte de la ciudad que todo el mundo conocía pero que nadie se atrevía a pisar si las circustancias no le obligaban, por lo que no desentonaba en absoluto con el paisaje de inmundicia y podredumbre que le rodeaba.
Dos osadas -o despistadas- quinceañeras salieron de un callejón mirandose cada una la palma de su mano con una sonrisa de satisfacción esculpida en su impoluto rostro.
Geralt, intrigado, accedió al penumbroso pasadizo para fisgonear.

-Momentos inolvidables –le susurró un joven camuflado en un rincón.

-¿Cómo dices? –pronunció el vagabundo con voz desagradable.

El joven se acercó a él captando todos los olores nauseabundos, especialmente el del alcohol y la bilis, que emanaban del cuerpo y de la boca del pordiosero y tuvo que hacer un esfuerzo para no salir corriendo. Le mostró una bolsa llena de pastillas verdes.

-Te las dejo casi regaladas, a tres créditos cada una.

-Ya sé lo que es eso, yo no necesito más recuerdos -pronució acompañando la frase con un movimiento del brazo.

-Oh no, no, esto no son recuerdos, son vivencias. Es la última moda, es como estar haciéndolo…, lo que sea.

-No necesito más recuerdos –repitió dándose la vuelta-, yo sólo quiero borrarlos.

-¿Pero es que no lo entiendes? -repitió el joven sin darse cuenta de que el que no entendía era él-. ¡Lo que tú quieras, con quien más te apetezca!

Salió del callejón y continuó andando calle arriba.
Transcurridos unos pocos metros se topó con otro camello.

-¿Qué necesitas? –le preguntó.

-Olvidar -respondió sin detenerse ni prestar atención a quien le había preguntado.

-Te lo puedo conseguir ¿Tienes dinero? -dijo poniéndose frente a él mirando nervioso a ambos lados.

-Tengo esto. –Geralt sacó algo del bolsillo y se lo mostró. Era la bolsa repleta de pastillas de momentos ficticios que el otro traficante, cuyo cadáver seguía desangrándose, le había ofrecido hacía escasos segundos.

-Toma –dijo enseñándole una pastilla negra, asustado por lo que deducía que había hecho su actual cliente y alegre por haberse librado de su única competencia-, lo olvidarás todo, será como volver a empezar.

Palizas, abusos, humillaciones; todo lo que había sufrido en sus casi cuarenta años de vida le acudió de golpe a la cabeza y sonrió macabro. Pero al instante recordó algo y sus ojos se tornaron vidriosos, pareciendo un niño indefenso.

-¿To… todo? ¿No recordaré absolutamente nada de lo vivido?

Pasada la media noche se acurrucó en un banco. Como no hizo negocios con ese camello -pues no tenía nada que pudiera necesitar- había cambiado las pastillas por una botella de bodka y un trozo de pan, y como siempre que trataba de dormir, recordó el mismo momento: cuando siendo un niño, en el cine, se confundió con la gente y una mujer bonita que olía a vainilla, tomándole por su hijo, le cogió suavemente de la mano, le acercó la cabeza a su vientre -blando y calido- y le susurró con dulzura “quédate a mi lado, cariño”.


Texto de Eddy_Howell agregado el 18-10-2005.
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