No se imaginan qué es sentir miedo, miedo auténtico, como cuando sientes pegados los pies y no puedes escapar. Escondida, esperas que eso que te espanta atrozmente, no pueda encontrarte. Continúa su asecho en donde estes: debajo de las sábanas o de la cama, detrás de la puerta, dentro del armario. Sientes las pisadas: tac, tac, tac de tacones, mientras el tic tac del reloj, se confunde con tun, tun, del latido del corazón. Tiemblas y sudas frío.
Tus monstruos finalmente te atraparán...
Despiertas sobresaltada. Miras entorno y sigues ahí, en tu cama, completa, sin daño físico alguno. Respiras prufundo y descargas la tensión. Mientras dentro de la alcoba se pasea de frente al espejo tu hija de dos años, calzando el par de Gucci que compraste el día de ayer, además maquillada con el lápiz de labios Elizabeth Arden y tus gafas oscuras RayBan, ¡te viene ganas de asesinarla!, pero... ¡qué bella, imitándo a su mamita!
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