Las neuronas
La mirada de aquel hombre no teniene nada de particular, solo que sus parpados parecen frazadas de perfectos conspiradores.
Desde mi habitación, que en la cual ya no existe el tiempo, sus ojos son la ventana más próxima a la libertad superficial.
En las reiterativas secciones que teníamos durante el día
Siempre repetía la misma pregunta:
-¿que buscas?
Yo sabía la respuesta, pero por un orgullo reprimido nunca le respondía.
Un día vi en su pupila derecha una decisión que me incluía. Fue en ese momento cuando más temí, ese día volvieron a mi cuerpo los síntomas del miedo que desde la niñez estaban ausentes.
Volví a sentir las carisias de las lágrimas y las fuertes palpitaciones en el pecho. Pensé mucho tiempo y supe que no debía temer más y decidí escapar de cualquier disposición que impusieran.
Mi plan comenzaba esa mañana cuando la enfermera traía mi desayuno junto a las pastillas, ella también traía un mensaje pero no en sus ojos, sino en sus labios más pálidos que nunca y un leve temblor del cual pude descifrar un mensaje, que confirmaba mis sospechas. Cuando se acerco a mi boca con el vaso agua en un ágil movimiento le pegue un cabezazo, que la dejo algo mareada
Rápidamente tomé el vaso con los diente y se lo tire en su rostro que nuca más volvería a tener sus facciones, porque estallo en su nariz de deidad griega.
Había dejado abierta la puerta, por confiar en su experiencia, en relaidad por creer en la camisa que ahora impedía que corra más rápido.
Corrí y corrí hasta que mis pies no dieron más, no recordaba que el pasillo fuera tan largo, ya no era parte de mi memoria, ese recuerdo había perdido su casa, su neurona.
Ganaron, estaba vencida, una repentina inyección entraba en mi cuello, y el doctor venía detrás del enfermero gritando órdenes, cuando estuvo frente mío no supo más que decir:
-¿que buscas?
Y una fuerza interna, más grande que mi soledad, respondió
- cordura Sr. cordura…
No conmoví a nadie con mis palabras, las terribles noticias no existían.
Ahora sigo en mi cuarto blanco, como mis recuerdos, que se borraron gracias a mis vicios. Pero aún conservo esa esperanza de libertad que llega en cada visita de mi curador.
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