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Inicio / Cuenteros Locales / blasleon / Me apeo en la próxima

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Álvaro sintió miedo al descender del vagón. Se detuvo un instante, respiró y reinició la marcha. Aquella era la estación, después de tanto tiempo seguía igual. Salió del anden, recorrió los pasillos y subió la escalera. Fuera le recibió una ligera neblina que tornaba en grises las cosas. Miró alrededor. La tranquilidad reinaba. Nada que ver con ese ajetreo del que, decían, se había contagiado la ciudad. Como siempre, la televisión mentía.

Tomó por la primera calle y caminó. No había decidido tomar ese camino, como no había decidido viajar hasta allí. Fue un impulso que no supo controlar: De repente estaba en el metro, lo reconoció por el olor, aún tenía los ojos cerrados. Era uno de esos aromas adquiridos en la niñez que no se olvidan, como el olor del chocolate caliente o de los boquerones en vinagre. También supo el momento en el que se tenía que levantar del asiento. “Me apeo en la próxima” se dijo, aunque no recordaba haber pasado por ninguna otra estación.

Los pies le dirigían. Las calles se sucedían una tras otra, sin nombres, iguales. Caminaba con la cabeza gacha, no había gente. Al doblar una esquina se vio de amanecida, como en aquel tiempo en el que él, apenas un muchacho, iba a trabajar a la fábrica de camisas. Allí la niebla se había tornado en noche a punto de despertar.

La puerta del portal estaba entornada. Un suave empujón y se abrió lo suficiente para dejarle pasar. Subió con cuidado. Aunque trató de no hacer ruido, los peldaños de madera crujieron bajo sus pies. Con la palma de la mano recorrió la barandilla de hierro forjado, estaba fría. Todas eran sensaciones antiguas que ahora recuperaba su memoria, tan claras, como si hubiera retrocedido el tiempo para él. También oía con claridad el traqueteo de las máquinas de coser. Entró.

–Hola Álvaro, te esperaba –dijo la muchacha, sin levantar los ojos de la tabla de planchar.

–¿Tú...?

Álvaro no supo continuar. La sorpresa le congeló la garganta. Era ella, su compañera de entonces, la única mujer a la que había amado de verdad. No había cambiado nada.

–¿De qué te sorprendes? Sabes muy bien que este momento tarde o temprano llegaría. Pasa. Siéntate. Mira, estoy planchando tu última camisa, la que dejaste sin terminar. Yo lo hice por ti, para que no hablaran. Porque yo te quería –la muchacha levantó un instante la cabeza y le miró, como exigiendo de él una respuesta que no le dejó pronunciar–. De todos los lados te has ido sin mancharte, dejándole la tinta a los demás, que han sufrido por ti. No es un reproche, no te enfades; tenía que decírtelo, eso es todo.

–Siempre fui un cobarde, ¿verdad? –dijo él, tragando saliva–. Si no lo hubiera sido, me habría quedado contigo. Lo siento. Creí que no sería capaz de hacerte feliz. Luego, la soledad no me ha tratado bien, me ha hecho ser egoísta e injusto con los demás.

La muchacha dejó a un lado la plancha, se acercó a Álvaro, le tomó de las manos y le besó suavemente en los labios.

–Eso ya no importa –dijo–. Ven, ahora el tiempo es nuestro, ahora nadie nos estorba.

Álvaro, como en el metro, cerró los ojos y se dejó llevar por ella. No quería mirar a ningún lado, no quería verse viejo y enfermo, ahora que había retrocedido en el tiempo, ahora que era joven otra vez.

* * *

–Era cuestión de tiempo –dijo el médico–. El cáncer estaba muy avanzado.

–Habrá que avisar a la familia –dijo la enfermera–. Siempre es duro y más a estas horas, tan temprano.

–Yo lo haré, no te preocupes.

–Fíjese, doctor –añadió la enfermera–, con lo que ha sufrido en estos últimos días y ha muerto con una sonrisa en los labios. No logro acostumbrarme, la muerte siempre me desconcierta.

El médico asintió, tomó a la enfermera del hombro y salieron.

A través de la ventana, la primera claridad del sol reciente, pinceló una suave pátina de color en el rostro pálido de Álvaro, haciendo eterna su efímera sonrisa.

© BlasLeón





Texto agregado el 24-10-2005, y leído por 153 visitantes. (10 votos)


Lectores Opinan
2006-05-21 04:23:53 me encato la forma en que lo encaras y luego el desenlace, estupendo escrito. sigrid
2005-11-08 13:58:12 Buena historia, bien contada... aukisa
2005-11-03 11:50:26 Cuentas una buena historia. Me quedo con el sabor de que podrías haber ahondado un poco más en la historia con la muchacha, pero también es bonito dejarla a nuestra imaginación. Es una historia elegantemente melancólica y, para mí, nada triste, todo lo contrario. Saludos. Efecto_Plac ebo
2005-10-31 16:50:55 Buuu, siempre me dejas con el corazon contando lagrimas! Lindo texto, como siempre, un gusto leerte Blas!! Un abrazo.... Thais
2005-10-28 11:51:49 que triste me ha parecido, será que el día hoy está lluvioso y me afecta el ánimo.. un susurro* susurros
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