Me reverencio ante mi, me venero.
Úngeme con tus versos andaluces, con tu gracia, mientras sangra la guitarra y te matan los disparos que me matan.
Enrédame los pezones con tu lengua serpentina, devóralos, que se enfiesten como toros adornados en corridas.
Al unísono tú Mujer, mi Musa , mi Madre, mi incógnita, entra al ritual que me posee, derrocha los mitos de tus manos mariposas y hazme brasa en la antorcha que enciendes.
Conduzco la barca mar adentro. Lejos de la playa vuestras bocas, idénticas anguilas carceleras, provocan el gran diluvio de mi pureza de Rey.
Los tres bebiendo de mis aguas, nos salvaremos.
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