La brisa rozando mi rostro...
¿Será la misma brisa? ¿Acaso una distinta? ¡Qué importa!
Hace un año ya... ¿Un año? (suspiro) Hace un año ya desde que caminábamos en otoño, en esos días en que el sol se niega a dormir antes de las 8 y es el dorado el color que predomina en las hojas que bailan en el suelo mecidas por la brisa. Me veías y sonreías, el mundo era nuestro y juntos hacíamos que el sol no durmiera. ¿Puedes creer que tal poder tiene tu sonrisa? Tal poder que rindió mi corazón sin batalla (ni botella) alguna.
Y caminábamos sin destino, sólo era una excusa para poder estar juntos, pero no importaba porque jamás era tarde para nosotros ¿lo recordarás aún? O aquellas invitaciones, meras formalidades porque siempre sabía que tú aceptarías, pero necesarias porque aún había cierta timidez entre ambos... pero yo comprendía.
Es difícil creer que dos desconocidos se quisieran desde el momento en que la vida los juntó. Sé que también te lo preguntaste en algún momento. Seguramente fue así como yo, mirando el cielo estrellado en una noche despejada (la 1ª vez) y después en cada noche, justo antes de dormir y después de rezar, pidiéndole a Dios que me regalase el siguiente día para poder estar contigo. ¿Será posible que sea ella la mujer de mi vida? Y no necesitaba respuesta, porque preguntas como esa se responden por sí sola con los verdaderos saltos que mi corazón daba cada vez que te acercabas... como aún salta cuando escucho tu voz, veo tus ojos o pienso en ti. Si ahora estuvieses en frente mío quisiera escucharla. Por primera vez necesito una respuesta que no venga de mi corazón, quisiera que por fin te atrevieras a decir aquello que has sabido por mucho tiempo, pero que mantienes en secreto. Te miraría a los ojos, como siempre hago, vería a través de ellos la verdad una última vez de la misma forma que hasta ahora lo he hecho... Si tan sólo te hubieses atrevido antes...
Es curioso mirar la vida desde esta perspectiva ¿será que uno no valora lo que tiene hasta que está a punto de perderlo? Es ahora cuando miro a mi alrededor y todo parece resplandecer de una forma distinta, hermosa. De pronto vivir se convierte en una experiencia fascinante, quisiera guardar cada rayo de luz del sol y de la luna en mi memoria, saborear cada minuto hasta el final para traer cada experiencia que alguna vez me diera algo de placer... Como miles de sonidos, todos al mismo tiempo llegan a mí, como una súplica, como el último intento de persuasión, como una melodía fúnebre por un desenlace inevitable, porque la decisión está tomada y me prometí no volver atrás.
Si supieras cuántas lágrimas frías, cuantos gritos silenciosos, cuanto dolor reprimido he soportado todo este tiempo... seguramente comprenderías por qué aunque veo todo lo hermoso que me rodea no soy capaz de sentirlo. Y lo peor que le puede pasar a un hombre es sentirse vacío y sin esperanza de poder hacer mejor su vida, como un monigote de madera con un espacio en el lugar en que su corazón debiera estar. Había olvidado que eso era lo único que creí que no te podría dar: mi vida
Es como si estuviese leyendo un libro desde el principio, me entusiasmo y me encanta la historia, de pronto siento curiosidad y leo un final trágico. No importa qué haga, nada que ocurra en esas páginas aun sin leer cambiarán ese trágico final. Preferí quedarme con lo leído, dejar el resto en blanco y puse la pluma en tus manos para que dieras vida a esas hojas en blanco...
Pero no lo hiciste, nunca fue suficiente para ti. A pesar de que viste la verdad en mis ojos, viviste en silencio todo mi dolor, pero desde lejos, segura en los brazos de otro a quien no amas. Tuviste cada palabra de las que necesité en tu lengua, pero no te atreviste a hacerla llegar a mí. Ahora verás que cuando quieras hacer llegar tus palabras la próxima vez no me verás más a los ojos, sino a una placa en mi memoria...
La brisa en mi rostro, se anuncia un fatídico final
Ya no hay más remedio que saltar
La muerte con sus brazos me viene a buscar
Mientras caigo una voz conocida parezco escuchar
¿Será ella...?
¿Al fin?
FIN
Amor, para qué este desperdicio,
ni tú ni yo queremos ese final.
Pongo otra vez la pluma en tus manos
Para nosotros nunca es tarde, debes recordar.
Vives atemorizada y con miedo a amar
Da ese paso adelante, deja ese miedo atrás
|