“ Ring...riing...riiing...”
En seguida:
— ¡Aló..!
—¡Hola..!
—¡Sí...!, ¿quién es?
—¡No te lo diré tan pronto! Lo que debo decirte es lo importante. Desde hace tiempo te observo, te vigilo y desde entonces estoy suspirando.
—Pero... ¡identifíquese, por favor!.
—Anhelo tenerte cerca. Poder apreciar el gris de tus ojos, percibir el aroma varonil que de ti se desprende, y volar en su estela hasta un lugar remoto, el que jamás hayas soñado. La aventura de tocarnos con dedos imaginarios, pasiones misteriosas y embriagadoras.
—Estoy esperando que...
—No, no, solo escucha. No sabrás, ni darás conmigo, porque entonces se rompería el embeleso, que desde incógnito he fabricado. Te conozco, se donde estás y qué haces. Así como te conozco, te siento. Sé que no podrás aguantar tus deseos y vendrías a mi para maltratarme, a perturbarme con tu pasión exacerbada. Escucha bien. Mi sed no es seducción. Mi instigación es poder llegar al laberinto de tus sueños perdidos con los años, creo saber dónde encontrarlos. Silenciosamente ésta es mi esperanza.
Adiós...
¡Click!...
La mujer que observa la inmutabilidad del rostro de su marido, a través del vidrio de la ventana, salió del escondite metiendo en un bolsillo el teléfono celular.
—¿Quién llamó?
—No sé, equivocado...creo.
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