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Inicio / Cuenteros Locales / osabebu / Ni olvido, ni perdón

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“Ser argentino es estar lejos, y no decir mañana porque ya basta con ser flojo ahora".
Fragmento “Carta abierta a la patria” de Julio Cortázar.


Ahora que murió Brinzoni me gustaría alegrarme y poder creer en las palabras de mi abuela y el catecismo: “todos pagamos nuestros pecados, nadie se salva del castigo divino”. Pero no. No puedo. Porque viene la Ninia Mounstro y me recuerda que no hay que festejar la muerte de estos hijos de puta que no tienen sentencia. O lo que es peor: mi viejo recostado en el portón de su taller me dice “los asesinos no van a ser castigados. Van a vivir entre nosotros, hasta viejos. Y nosotros como si nada, con la mierda y la culpa hasta el cuello”. Y otra vez tengo 8 años y no entiendo casi nada de lo que está diciendo.
Es abril del 87, supongamos, y en un acto de reconciliación nacional, el radicalismo aprueba las leyes de Obediencia Debida (Obediencia deVida) y Punto Final, que impiden el juzgamiento de 400 militares, policías y demás asesinos de la última dictadura. La reconciliación nacional instrumentalizaba así el olvido y el no castigo para los responsables de la muerte de 30.000 almas en Argentina.
También es la noche en mi casa y mi viejo mira el noticiero de las 20, donde anuncian la noticia. Él no dice nada, sentadito con su té y sus galletitas, se traga la bronca por los compañeros muertos, por su oreja cortada, por las primeras falanges de los dedos índice y anular de la mano derecha que le faltan, por los mugrosos años en alguna prisión clandestina y más mugrienta de Resistencia. Yo lo miro desde el piso, tirada debajo de la máquina de coser de mi abuela, donde sostengo entre mis manos mi primer libro: “Mujercitas” de Luisa May Alcott. Y puedo imaginar que se traga todo eso porque unos años más tarde me regalará la doctrina peronista y me contará nuestras tragedias, como hoy yo trato de escribirlas para que algo se entienda, para que no todo sea muerte, olvido y pena.
Con las benditas leyes del perdón quedarán muchos libres de culpa y cargo, entre ellos el responsable de la matanza de Margarita Belén*: Ricardo Brinzoni. Para el 90, Menem indulta a los pocos militares que había alcanzado la mano de la justicia democrática y mi viejo volvía a enterrarse con más perseverancia en la bronca y la resignación. Él que había vivido los años de gloria del peronismo, él que se había encontrado hermanado en la oreja cortada del patilludo, ahora perdía lo poco de esperanza que le colgaba de su corta vida. Arrastraba con más pesadez su discurso y se le oscurecía el futuro en la mirada cada vez que intentaba desde el pasado, imaginar algo todavía.
Hoy es octubre del 2005 y hace 10 años que extraño la cara de mi viejo y sin embargo sostengo sus palabras atravesadas entre los ojos. Hace dos años que en Argentina celebramos la nulidad de las leyes de Obediencia de Vida y Punto Final, que ponen en la mira de la justicia a 150 militares, 25 de ellos en actividad. Hace dos años que Brinzoni fue destituido de la jefatura de las Fuerzas Armadas, por obra y gracia de la política defensora de derechos humanos de Kirchner, a quien me gustaría creerle algo.
Hoy, en una clínica de Buenos Aires se murió Brinzoni de cáncer de páncreas. Mi abuela agoniza de lo mismo en una cama de Resistencia y sus creencias ojalá se hagan realidad. Porque la justicia argentina no pudo con ello, a pesar que fue el responsable de la muerte de 22 personas en el descampado de Margarita y el expediente engrosa el informe final de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas en la última dictadura.

Texto agregado el 01-11-2005, y leído por 43 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
2005-11-01 21:14:50 Tu relato-denuncia me acelera un nudo en la garganta donde una emoción de rabia de impotencia se mezclan para disparar casi una lágrima. Admiro tu amor por el viejo héroe que marchitó su juventud y abrió sus venas para regar una ilusión que no floreció y que algún político astuto y aprovechado malogró desde su escritorio donde uan bandeja sostiene el importado wiskey comprado con el sudor de héroes anónimos. Te felicito y me solidarizo con tu texto. En este caso, mis estrellas son condecoraciones póstumas para tus mayores ausentes. zepol
 
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