Un itinerario puede mirarse de infinitas maneras: De la Argentina de Cortázar a la España de Lorca hay miles de kilómetros pero de Madrid a Buenos Aires no hay más que un charco.
Hay muchas clases de viajes: Los que se hacen en clase turista, por caminos asfaltados, sin billete de vuelta, los que suben en ascensor, los que van hacia ninguna parte… Todos deben ser escritos en un diario de viajero, todos se llegan a franquear aunque parezca que uno se ha perdido, todos terminan en el mismo lugar.
Ahora mismo, soy una niña desorientada que busca su sitio en Madrid. Algún lugar acogedor encontraré para poder descansar, escribir las incidencias en mi cuaderno, y seguir mi rumbo hacia esa meta que se nos ha impuesto a todos.
Ante cualquier ruta, se debe estar atento al mundo: No dejar, aunque suene absurdo, dejar de oír ninguna visión por inservible que parezca. Cada uno de estos estímulos son gasolina para seguir nuestro trayecto.
La vida es un viaje hacia un destino inevitable. Este es el único recorrido que hacemos sin desvío posible. Mientras tanto, siempre podremos improvisar otros caminos pensando el epílogo que dejaremos escrito cuando completemos nuestro diario de viajero al llegar a la muerte.
|