MUDANZAS
Otra vez a hacer las maletas,
a decirle adiós a lo que no cabe,
a comprar el periódico por los anuncios.
Tampoco aquí sobrevivió la paz.
Por qué la concubina no tiene casa,
por qué debe siempre pedir asilo,
ir dejando sus menstruaciones de un barrio a otro
como la cara de un candidato.
Si una misma lo eligiera,
si fuese de verdad una gitana.
Pero también rodar cansa
y una no pide mucho.
Si acaso un cuarto con ventana,
un escritorio y una silla,
una vela si no hay luz.
Un lugar donde sufrir en paz.
Mañana los amigos
tacharán mi teléfono en su agenda,
compraré el periódico por los anuncios.
Verónica, tan querida,
vendrá con su coche para hacer
la mudanza. |