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El Desempeño

Era muy de madrugada, tanto que un diminuto rayo de luz, se había filtrado por una casi inexistente endidura, entre los bien acoplados tablones, que enmarcaban el aposento de los compadres míos. La proyección dentro del cuarto, de aquel hilillo luminoso, fue tan brusca, que mi compadre Silo, creyó que el sueño le había hecho perder el día mas brillante de todo el año.

Como en busca de orientación, despegó ligeramente su cabeza de la almohada. Pero el canto lejano de un gallo, provocó una reacción en cadena de esas aves, que mas que cantar, promueven e interpretan los giros de nuestro planeta. Mi compadre confirmó que apenas eran las cuatro de la mañana, por tanto, dejó caer nuevamente y con mucha suavidad, su rostro en la funda hecha de Macaria y rellena de hojas secas de plátanos.

Casi había cerrado por completo sus ojos, cuando mi comadre Lala, en un intento por cambiar de postura, dejó al descubierto sus, maravillosamente, bien contorneadas piernas. Con la parsimonia de un felino, mi compadre, dejó deslizar una mano por la piel desnuda de mi comadre. La mano se movía con tanta maestría, que lejos de despertarla, parecía desarrollar un efecto anestésico en ella. Si no hubiese sido por el estridente clamor por leche, de su recién nacida hija, ahí mismo y sin que mi comai lo supiera, se habría quebrantado el “riesgo”.

Por profundo instinto maternal, después del repentino despertar, ella brindó toda su atención a la niña en su justo reclamo. Sin embargo y por más que mi compai lo intentó disimular, ella percibió un ingrediente extraño en el ambiente:
---¿Qué intentabas hacer?---Le preguntó.---
---Nada.---Respondió mi compai, medio desbalanceado.---
---¿Cómo que nada?---¿Y esa mano tocándome?---Insistió ella.---
---Bueno, Lala, yo voy a ser sincero contigo.---Y al decir esto, mi compadre Silo, saltó de la cama decidido a ser claro.
---Entonces háblame todo lo que sientes.---Añadió mi comai, mientras ponía la tetera en el tope de la botella.
---Lo que pasa, Lala, es que la niña nació hace ya 29 días…---Sí lo sé, pero el “riesgo” son 41---Interumpió, mi comai, interpretando perfectamente por donde iba la cosa, al tiempo que introducía el chupete en la boca de la bebé.
---¡Yo no puedo esperar 12 días más!---¡Es más, yo no resisto ni siquiera una hora!---Adujo, Silo, poniéndose los pantalones de un tirón.
---Pues váyase al pueblo y busque una mujer de la calle para que lo defienda, porque lo que soy yo, no pienso violar los reglamentos.
---Consígueme, entonces, 5 pesos.---Se aventuró a pedir Silo, creyendo haber soñado la última frase de su mujer.
---¡Cógelos de la gaveta de la cómoda!---Resuelta y decididamente, remató la comai.

Con la velocidad de un rayo, mi compadre extrajo el dinero de la vieja mesa de pino y no con menos urgencia se dirigió hacia donde tenía el caballo, para ensillarlo. Pareció como si el equínodo, hubiera entendido que tipo de diligencia, su jinete, tenía tanta prisa en realizar. Esto así, porque ambos, caballo y montura, formaban un todo armónico. Tanto que al iniciar el descenso por el trillo que caía casi de golpe al río, fueron vistos por Chelo, quien se disponía a lavar un cargamento de ropas. Ella no pudo callar y lo interpeló de la siguiente manera:
---¿Compai Silo, dónde va usted tan contento y tan temprano?---
---Al pueblo comadre.---Respondió, Silo, aferrándose a las riendas para no desbocarse, por lo pronunciada que era la pendiente del camino.
---¡Pero por lo que veo, usted no va a dar un pésame.---Agregó, Chelo, con toda su malicia.
---No comadre, todo lo contrario, yo voy…………

Después que mi compadre expuso a Chelo, con pelos y señales, los pormenores de su madrugar, ella bajó el tono de voz y le dijo:
---Compadre, para eso usted no tiene que molestarse yendo tan lejos.--- Aquí estamos los dos solos y yo podría desempeñarlo. Así que bájese del caballo, deme esos 5 pesos y venga para acá.---
Mi compadre Silo, quedó aturdido al escuchar a Chelo. No podía asimilar tanta generosidad, pero su comadre no era una mujer cualquiera. Realmente, Chelo, era una hembra de mujer. Así que terminó sucumbiendo ante ella y obedeció todas sus órdenes.

Después de Silo, haber desensillado su inteligente potro, se dirigió hacia la casa y una vez dentro, empujó la puerta de su aposento. Todavía su mujer no había terminado de darle la leche a la niña.
---¿Qué pasó?---¿La consciencia no te dejó continuar, verdad?---
---No, no fue eso.---Respondió mi compadre, con aire de cierta frescura.
---¿Entonces qué fue?---Volvió a preguntar, Lala, subiendo el tono de su voz.
---Es que cuando llegué al río, me encontré con mi comai Chelo y ella me propuso…….
---Bueno, entonces pon los 5 pesos en la gaveta de la cómoda.---Ordenó mi comadre sin inmutarse.
---Pero es que ella me los pidió y yo se los dí.---Respondió mi compadre, yéndosele un poco el susto.
---Pues vaya y dígale que se los devuelva.---Ordenó mi comadre.
---¿Pero porqué?—Volvió a preguntar mi compadre, asustándose de
nuevo.
---¡¡¡Porque las veces que yo he desempeñado a mi compadre, nunca
le he cobrado.!!!


Texto de peco agregado el 06-11-2005.
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