Sin ideas ni palabras
Todos me vieron, los doce dioses.
Una vez más el odio
floreciendo de los poros,
como el sudor,
cuando me soplaste.
Como las lágrimas de mis ojos,
cuando dejé de amarte.
Que lejos estoy de llorar tu partida.
Anhelas posesión de noche
como indiferencia de día.
Pero lo que no sabes
es dónde está mi cabeza escondida.
Todos me vieron, los doce dioses.
Mas la llena luna,
que no sé quien es, ni de dónde viene.
Pero ahí estaba para decirme ¡para!
Es cierto, fui ciego y lo gritaste.
También entraste en el juego
de los versos.
Tuya es la culpa de acercarte,
mía es la culpa de alejarme.
Todos me vieron, los doce dioses,
como soy humano.
Un rato bueno, al otro malo.
Pero nunca te has desnudado
ni caminado a pies descalzos,
y en silencio a decirme;
ven, te amo.
El viento se llevará las imágenes
en que di mi esperma.
El tiempo borrará la imaginación
de tu cuerpo, de tu cara.
Y que Dios me ayude
a olvidar como te amaba.
18 de Octubre 2005
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