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Inicio / Cuenteros Locales / peco / La Rendija

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Cuando Amalia, la prima de mi hermana, se marchó, comprendí lo ingenuo que fuí, frente a la idea de hacer una rendija en el centro de la pared, que separaba la sección de hembras de la de varones, en el viejo excusado del fondo del patio de nuestra casa. Ella, nos visitaba cada verano y trás sus partidas quedaba siempre un sueño. La había visto crecer y entre un viaje y otro, dejar pétalos de adolescencia. Sin embargo, lo que esta vez fuimos a llevar a la estación, era un monstruo de mujer. No le sobraba ni le faltaba, pero para Amalia, yo no pasaría de ser el hermano de su prima.

Cierta tarde, que fuí a dar instintivamente con el marco de la ventana de mi aposento, “la ví regresar de ducharse con su cuerpo semi cubierto por una toalla, cuyos bordes sometían a la obediencia a dos rebeldes que se esforzaban en desatar el nudo, que al caminar, apretaba con su axila izquierda”. “Amalia ya estaba otra vez en su dormitorio y seguramente, había liberado el lienzo que absorbería la humedad de cada ángulo de su cuerpo”.

“ Me veo en el cuarto contiguo e incapaz de delatar mi presencia. Supe que había entrado por el tirón que le dió a la puerta. Ruido que contrajo los músculos de mis pantorrillas, entonces, escuché el deslizamiento ascendente de su vestido y me imaginé que ella estaba expuesta frente al pequeño agujero. Solo faltaba vencer la fuerza que se oponía a que estuviera parado, y que se alimentaba con el silencio angustiante que reinaba al otro lado de la pared. Quise abrir el grifo, pero ponerme en evidencia habría sido tan tonto, como el encontrarme allí impotente y aturdido, mientras aquella perfecta imagen tentaba la pasividad de los dioses”.

“En el momento que estaba decidido a vestirme y de un salto abandonar aquel lugar, un repentino harineo sobre el tejado, me sirvió de coraza. Ya nada impediría que mi rostro pudiera deslizarse sobre las crestas de aquellos maderos. Mi cara estaba tan cerca del orificio que mi órgano visual solo tenía que ajustarse a la estrechez del espacio para descubrir lo que Amalia creyó, siempre sería un secreto para mí. Cuando lo sentí perfectamente encajado sobre la rendija, lo empecé a abrir lentamente, pero como si se tratara de un espejo, solo pude ver otro ojo”.


Texto agregado el 11-11-2005, y leído por 167 visitantes. (11 votos)


Lectores Opinan
2008-04-08 23:05:29 Bien Peco. Si que tienes sutileza. Deberías continuarlo el próximo año cuando regrese la prima. jorgecuenter o
2008-02-08 07:09:13 tremendo embarque a si es la vida, te felicito por tu cuento aneillo
2006-06-23 00:41:03 Estoy leyendo tus cuentos. Este en especial tiene una agudeza excepcional. Es simple, sutil, vibrante. Veré los demás de a poco. eride
2006-06-22 20:32:26 Relato sutil, descriptivo y de sorpresivo final. ***** Ciiara
2006-06-16 03:49:41 muy bueno peco, muy bueno, me alegra leerte, esa sensualidad y socarronería latina***** curiche
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