…entonces, como estoy entrampado en este dilema de querer escribir un cuento de un agente supersecreto, y como estoy imposibilitado para develar cualquier detalle de él…sucedió que una buena noche soñé que yo era un prominente agente supersecreto, y que andaba detrás de un prominente ladrón de cápsulas de uranio enriquecido, en el sueño hubo, evidentemente, un intenso escarceo amoroso con una espectacular rubia, de uno setenta y nueve de estatura, ojos intensamente azules y labios enloquecidamente carnosos…evidentemente también, fui traicionado y entregado a los malhechores, con tristeza infinita, poco antes de despertar de aquel sueño, veo como la rubia espectacular se descubre ante mi como un importantísimo agente supersecreto japonés de escasos metro y cincuenta y cinco centimetros de estatura…y me quedo el resto de la noche, cavilando en la manera como logró la dichosa transformación…no cabe duda, en el Japón, nos llevan años-luz de adelanto tecnológico.
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