Te sumas a mi vida con simple matemática, intento dividirte en tiempo y espacio pero mi amor se multiplica mucho más que el tuyo, en cantidades exponenciales como algebra básica y tú lo fraccionas con tu ausencia simulando el perfecto vacío.
Si uno todos los puntos en línea recta al corazón, encuentro que tu amor es tangencial a mi poliedro de mociones/sentimientos y que tus palabras no pertenecen al conjunto: mi corazón.
Decido entonces restarte para evitarme más daños, los signos opuestos nunca reunirán, ya no recibiré más residuos de tus acciones, derivo entonces mis reacciones de tu indiferencia y de está perfecta raíz cuadrada nos separamos los dos.
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