A estas horas en que no somos más que dos cuerpos recuperandose del deseo concluido, te digo que te amo y que la soledad no es más que un puente tendido entre estas dos bocas.
Tu cabeza en mi hombro huele a flores arrancadas del jardín de los sueños. Todo en vos obedece al ritmo del amor. Todo en vos es claridad.
Llueve ahora sobre los techos, y mis manos buscan fundirse sobre la piel de tus senos.
Tus manos sostienen mi cabeza mientras tu deseo se encuentra con el mío. El decanzo terminó. Volvemos a amarnos. |