El segundero me lo roba, las horas lo pudren y los días le dan la puntilla con que la semana lo remata. Blanca y caliente inocencia la suya, elíptica forma de esperanzas que no serán, animal domesticado abortado, pudo ser y no es. Mirada, la mía, cómplice, envidiosa, enigmática, orgullosa, experimento materno en una práctica diferente que resbala por una superficie lisa y uniforme, monocolor. Temperatura robada a fuerza de baldas herrumbrosas por descomposición alimenticia. Patas que sostienen la nada, alas que abanican la levedad robada y un sueño que no dejaron ser, comido por gusanos en lugar de viceversa. |