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Inicio / Cuenteros Locales / eardil / [Sin nombre] 2ª Carta

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Algo me impulsa a declararte lo indecible y a rogarte por lo irrealizable; ¿Qué puedo hacer sino obedecer? ¿No ha sido lo indecible y lo irrealizable parte normal de mi vida estos últimos meses? Comienzo a pensar en los propósitos de estas cartas, a pesar de que no me corresponde el hacerlo. Al construir mis castillos en el aire al pensar que las leerás sólo me inspira a hablar quizá de más.
¿Cómo amor podré mostrarte la luz, la verdad? Con estas paredes deteniendo mi cuerpo y la distancia mis palabras. En mi lecho de muerte algo alimenta mi espíritu para seguir escribiendo y confesándote lo que tal vez nunca escuches de mis labios ni leas por mis letras, mas sí por mis obras, pues son las que me condenaron a tan despiadado final. Las acciones que dieron lugar en ese día, que quizá escuchaste por boca de víboras o magistrados –que suelen ser la misma persona-, sucedieron como ya te he expresado y bien sabes que mi palabra te es dada sin engaño, mas confiar en las de tus bien conocidos ‘amigos’ es como pisar el hielo en vísperas de marzo. Intenté contarte los sucesos fría y fielmente, mas mis sentimientos y emociones no los puedo pasar por alto y a costa de tu amor –el cual a estas alturas debo haber perdido ya- expuse las verdades que los hombres temer saber o bien saben evadir, verdades de las que nos han alejado, de las que nos han aislado, verdades tan importantes para nuestra vida como para nuestra inminente muerte; las cuales en mi caso pueden acelerar este proceso. Cuántas personas pueden tener la dicha de la paz en un veredicto de muerte, ¡Muy pocas digo yo!, ¡Muy pocas digo yo en mi ignorancia! Pero me consuela saber que estas personas, como yo son mártires; que digo… yo un mártir, algo con lo que nunca soñé y jamás desee, mortal dicha es esta que juega con mi destino y se encarna en él, éste es mi destino ahora, que abrazo con gusto y anhelo su llegada, la cual se acerca con ojos de muerte pero no de desgracia, porque ¿Desde cuándo es la muerte un suplicio? ¿No es esta el descanso eterno para los santos?
Así pues debes saber que mi muerte no me aflige, y mi sufrimiento será temporal. No escondas más tus sentimientos, pues sé que en las noches me lloras a pesar de que por la mañana dices odiarme; declara un amor prohibido, muestra que también puedes ser un hereje ante los ojos asesinos de la plebe, muestra cómo sin mover más que los labios puedes crear un entorno de odio y desprecio, impulsados sólo por el temor a perder lo que ya tienen y con ambición y disposición te tomarán del cuello y observarán con placer tu último aliento, el cual verán como una orden que se la lleva el viento y que no tienen que obedecer.
¡Ven conmigo! Vuelve a la verdad de la que nunca estuviste conciente, clama por la humanidad aunque no seas escuchado, exige un cambio, no esperes respuesta ni comprensión por parte de los hombres, esto es tu perdición, apóyate en la Verdad de tu seguridad, siente en el alma lo que sabe tu espíritu.
Con la pasión pendiente me despido…

Texto agregado el 27-11-2005, y leído por 13 visitantes. (0 votos)


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