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El periódico (virtual y de papel)

Leer un diario por medio de Internet nos acarrea casi las mismas dificultades que tratar de deletrear este mismo periódico, que no es el nuestro sino de otro pasajero cuando vamos en un autobús. En este caso, tratamos de disimular, miramos por la ventanilla hacia fuera y de reojo recorremos los titulares: Una mujer fue ase….por su marido. Los hijos fueron tes…Antes que el hombre nos sorprenda, hemos leído a lo menos diez noticias incompletas, lo que nos transforma en individuos medianamente informados. Lo mismo ocurre en Internet. Los titulares nos invitan a movilizarnos con el mouse y justo cuando nos vamos a la noticia elegida, atisbamos con el rabo del ojo otra noticia mucho más interesante que desaparece velozmente de nuestros ojos. Tratamos de encontrarla, regresamos por el mismo camino pero ya es imposible, la nota aquella se ha escurrido como por arte de magia. Para nuestro consuelo, encontramos una noticia que parece muy interesante, pinchamos y aparece esa despreciable página blanca que nos indica que la web solicitada está fuera de servicio y que lo sentimos y que consulte a su proveedor. Como si fuese tan simple. Nos vamos a otra cosa, al deporte quizás, a los goles de la fecha, a la largada de Indianápolis, la carrera de San Silvestre, la NBA, que se yo y justo cuando nos sobamos mentalmente las manos porque vamos a disfrutar de algo entretenido, el mouse se despanzurra, se le cae la tapa inferior y de sus vísceras se arranca una pelota de acero que es como esos balines de goma que usan los carabineros para disolver las manifestaciones y que rueda absurda por nuestro escritorio. Apretamos con desenfreno todas las teclas y una de ellas da en el blanco y se nos apaga el equipo. Es lo mismo que si el pasajero aquél que va a nuestro lado se bajase del microbús cuando a hurtadillas tratamos de robarle unas cuantas líneas de lectura a ese artículo que parece que está muy bueno. A esperar, por lo tanto, que aparezca otro señor con la prensa del día y en el caso del computador, que el mouse recupere su bola y su blindaje para permitir movilizarnos por los dificultosos cursores. La pantalla por fin se enciende pero el aparato tiene clave que sepa Dios quien demonios la habilitó. Ilusos, probamos con distintas palabras: macaco, mono, azúcar, podrido, paralelepípedo, abracadabra, la que te parió y miles de vocablos más, pero el computador, insufrible engendro, se niega a partir. -Será de Dios- nos autoconformamos cuando de pronto aparece un salvador que se sabe la clave. -¡Eureka! Aparecen de nuevo los famosos íconos y pinchamos el del diario. Nada. La página se cayó por no se sabe que designio y lo más saludable es olvidarse de todo y esperar al día siguiente por si nos encontramos de nuevo en el autobús con un señor que vaya leyendo su periódico para poder informarnos aunque sea medianamente, aunque quedemos con tortícolis por las fluctuantes evoluciones del vehículo, de los pasajeros y de las apetecidas páginas del esquivo pasquín.


Texto de gui agregado el 31-10-2003.
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