Nunca se sabrá quienes inventaron los juegos de nuestra infancia.
Tampoco figuran en la historia aquellos que apelando a su astucia y buena labia, introdujeron las frases salvadoras que nos redimían de nuestras ocasionales torpezas.
Para estos últimos, mi más emocionado homenaje.
La mancha:
En medio del vértigo de la carrera y, a punto de ser “tocado” (la palabra exacta era “tuba”), uno podía echar mano de las redentoras palabras “Pido Gancho”.
Dicho esto, el oponente debía guardar violín en bolsa y retirarse a perseguir a algún otro un poco más gil.
La escondida:
Aquí la cosa tomaba características casi épicas, puesto que una vez descubiertos y habiendo recibido el consabido “partido para fulano que está atrás del lavarropas”, el último de los “ocultos”, se transformaba en todo un héroe si llegaba antes de quien contaba, a la pared, y con un grito de triunfo exclamaba “piedra libre para todos mis compañeros!”
Todos eran liberados, Justicia universal.
La bolita:
La bolita (canicas en otras latitudes) admitía una infinidad de claves verbales.
Si bien el juego se centraba en dos fases principales, “la quema” y “el opi”, quien no hablara con presteza asumía riesgos inmensos.
Como todos saben, “la quema” consistía en chocar la bolita del contrario con la trayectoria de la nuestra.
Visto de esta forma parecería ser simple, sin embargo, las variantes orales agregaban los siguientes condimentos:
Con ruido: No bastaba con tocar la bolita del adversario, también debía escucharse el sonido del impacto.
Sucia: El tirador no podía quitar los objetos que se interpusieran entre una bolita y otra, el disparo debía ser en esas condiciones.
De atrás muerden los perros: Vale el choque con rebote en algún objeto que estuviera por detrás de la bola del contrincante.
Los ejemplos podrían extenderse hasta el hartazgo, y quizás el lector esté recordando en estos momentos algunos más importantes.
El juego se completaba cuando un jugador, obtenía las dos fases. El opi consistía en embocar la bolita en un agujero hecho en el piso.
Tal vez estos juegos fueran una preparación para la vida.
Tal vez, en el día final, llegue corriendo aquel amigo entrañable, y nos grite entre risas, “piedra libre para todos mis compañeros”
Gg. 29-11-05
|