La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net - blasleon - 'El hijo del notario.'
El hijo del notario.
Guillermo, el hijo de don Ginés, el notario, regresó del internado aquel año con más calabazas que el huerto de "tío" Aquilino. Llegó con la cabeza gacha pero con una mueca que expresaba, con algo de sorna eso sí, “ya te lo decía yo, padre, que el estudio no es para mí.”
“De nada sirvieron antes los castigos –se dijo el notario– y no será diferente esta vez.”
Pensando en no convertirse en el hazmerreír de la localidad, ideó un escarmiento que su hijo no olvidara en el resto de su vida, por muy larga que esta fuera; y que le devolviera al redil.
Amigo como era del buen comer y conocedor de quién servía el mejor género, el sábado se acercó al mercado antes de que la clientela bulliciosa invadiera los pasillos con sus groserías, bastante ya las aguantaba en la notaría a diario; se acercó al carnicero que, de espaldas, se afanaba en descuartizar una res y le llamó con la precaución de quién no quiere ser visto.
–Antonio, acércate un momento.
–Dígame usted, don Ginés.
–¿Cuánto me cobras por deslomar a mi hijo Guillermo este verano...? –y como Antonio se quedó a cuadros, con la boca abierta y las manos pegadas al delantal, prosiguió–. No te preocupes, te pagaré su jornal mas los gastos que te ocasione.
Así fue como Guillermo empezó a trabajar.
A veces al notario le paraban en la calle y le preguntaban. Ël siempre respondía alzando el cuello, como quién lleva la razón:
–Es preciso. Antes de dar carrera a un hijo ha de saber cuan duro es el trabajo y que, aunque se sea notario como lo soy yo, hay que sudar cada día para ganar el pan.
A lo que la gente asentía y se decía:
”Ya, ya.”
Pasó la primera semana, tiempo que don Ginés pensaba que sería suficiente para alcanzar su propósito. Asombrado estaba de que el chico no se hubiera quejado ya; la novedad quizás, o el ansia por llevarle la contraria. Llegó la noche y con ella Guillermo que, como las anteriores, entró a casa cantando; se duchó y luego fue a contarle a su madre lo que había hecho en el día. Tampoco se quejó.
Y pasó otra semana y un mes; y don Ginés y su esposa se marcharon a la playa sin Guillermo, por primera vez. A su vuelta, el carnicero se llegó hasta la notaría y le dijo a don Ginés:
–No es mi intención romper un trato, y menos este que se hizo ante notario; pero sería para mi como robar cobrarle a usted. Además, he decidido subirle a su hijo el sueldo, ahora las clientas se pelean por ser atendidas por él.
Y pasó el tiempo. Ahora don Ginés, diecisiete años después, ya jubilado, vive en el pueblecito de la costa en el que veraneaba. A doscientos metros de su casa hay un supermercado de la cadena de supermercados Guillermo “Carne y anexos para el buen comer.” Dos veces por semana le sirven a domicilio el género más selecto y de regalo, porque no solo de carne vive el hombre, un par de botellas de vino, que siempre vienen bien.
© BlasLeón.
Texto de blasleon agregado el 04-12-2005. La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net
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