Todavía me sigue llevando el viento. Aún no me sostengo. Aún no me calo al piso con violencia, sin soltarme. Y ruedo. Al derecho. Del revés. Lejos. Lejos. Me sigue llevando el viento con frenesí. De mañana. Muy entrada la noche. Aún no logro sujetarme de nada. Y se me va secando el alma. Sin estrépito. Soy hoja desprendida del árbol, pero yo no sé cómo hacer para regresar un día al tallo, para embriagarme otra vez de sábila, para clavar mi desolación en la huidiza matriz. Mientras me lleva el viento, no logro resolver cómo ser la marchita parte que regresa a la imberbe unidad.
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