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La libre expresión del Arte Alguien dijo que el arte no necesita de academias porque es sólo la interpretativa expresión de un hombre común y corriente que no tiene por qué obedecer a cánones, estructuras, métrica y reglas de la más diversa índole. Quise tratar de introducirme en la cabeza de quien argumenta tal hipótesis para intentar entender bien su idea y salí a recorrer las calles en busca de este arte conceptual que -digámoslo con franqueza- ha conseguido hasta el apoyo estatal en nuestro país. Tenemos el caso de Simón Bolivar, que fue pintado por no se que autor vanguardista y que aparece luciendo un par de pechugas que ya se las envidiaría la Marlene Olivarí. Otro tema que causó gran revuelo fue la premiación de la obra teatral que aducía que nuestro héroe nacional Arturo Prat sufría severos trastornos hormonales. Bueno, Fondart se las trae con esto de las aperturas. A otra cosa. Empecé primeramente por evaluar esos numerosos graffitis que “embellecen” casi todas las fachadas de nuestras casas. Dale albo, chunchos mari…, juaco se comió a la…, a la mierda con todo, mariguana pa´ los guevo… agüevonao, asopao, flaite y un rosario completo de otras excelsitudes que nos orean el alma al darnos cuenta que sí tenemos grandes artistas del spray y de la libre expresión, sólo que son tan tímidos que únicamente trabajan en la oscuridad y cuando nadie los ve. Después quise darme el gusto de visitar una verdadera galería de arte y me dirigí a un edificio en construcción. Allí, equilibrándose en precarios andamios y transportando de aquí para allá los materiales del alarife, las hormigas coprolálicas que son los obreros, lanzaban con claridad abismante los conchetu…, los puta la gueá, los amermelaoooo, cosita rica, mijjjitaaaa, quien fuera hombreeee, te quiero puro… y otras lindezas por el estilo. Demasiado para un diletante como yo. Subo al microbús y un payaso se pone a tandear con el público y más encima quiere propina. ¡Saaaale patudo!-le contesta una anciana que había sido tapada a tallas por el pintarrajeado artista. Luego se encarama un tenor para cantar: Varparaíso de mi amoooool. Ni que se hubiese escapado del Teatro Municipal. Seguí caminando para adentrarme en la esencia misma de este arte tan genuino. Una mujer discutía a grandes voces con el que parecía ser su marido: -Huevón de mierda, te voy a demandar conchetu…, me tenís muerta de hambre desgraciado, los cauros chicos ya parecen ánimas y el muy infeliz encatrado con la otra, vai a vel no más &%&%/(¿?(%& La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net |