El Movimiento Revolucionario para la Liberación del Hombre era un movimiento alegre y espontáneo. Su líder carismático y experimentado. Caminaban sin miedos por los pueblos más peligrosos de la región imponiendo su “palabra” en las masas. El “Maestro” como lo llamaban, era temerario. Caminaba de sandalias y siempre desarmado, haciendo imposible siquiera probar indicios de sublevación o anarquía contra las Transnacionales. Impuso la moda del cabello largo en los jóvenes.
En todos los pueblos crecía el número de seguidores intentando unirse al grupo, como así también aquellos que buscaban venganza de un sistema explotador de los recursos naturales. La Ley se las tenía jurada.
No había problemas, el Maestro era audaz, tenía conexiones con la mayoría de los grupos de extrema izquierda, como así también con grandes “señores” de la sociedad y hasta en la misma iglesia.
Pero como siempre suele ocurrir en estos grupos de “renovación”, a alguien le vino un ataque de conciencia y determinó ir a negociar con las autoridades en nombre de la democracia.
Una noche mientras estaban todos reunidos, Judas Iscariote llegó misterioso, nadie sabía donde había pasado la tarde. Extrañamente se acercó al líder y le dio un beso en la mejilla. Todos quedaron intrigados, pero la señal ya estaba dada. Al minuto siguiente ingresaron efectivos de la policía nacional y la milicia estadounidense. Apresaron al que gracias a Judas estaba plenamente identificado como el cabecilla de la organización.
Esta traición no quedaría impune, el culpable pagaría con su vida por venderse al gobierno, al sistema neoliberal. Seria asesinado. Aquellos que lograron salir con vida del tiroteo arreglaron todo para que pareciera un suicidio. Dejando como lección para otros que pensaran en tomar una actitud similar, una imagen para la posteridad: Judas colgado en la rama de un árbol y debajo el dinero recibido, que llegado el momento no le sirvió para escapar a su destino.
En la redada también cayó Pedro, la mano derecha del Maestro.
- ¡Confiesa maldito! ¡Confiesa!
- Yo no he visto nada, no he oído nada, no se de que hablan.
- ¡Si tu eres uno de ellos! ¿No eres tú uno de los seguidores del Galileo? Yo te he visto cuando exponía sus arengas políticas a la gente en el templo.
- No, yo no lo conozco.
- Dime la verdad ca…!
- No, no se de quien hablan… Aaggg….
A los tres días el Movimiento decidió no morir, esparcirse y pregonar sus ideas por el resto del mundo. |