La ola se burla de la arena: Sale, la besa y desaparece envuelta en carcajadas. La niña juega con ella. Le gusta ver los agujeritos que deja cuando se va, en la arena empapada.
–Mamá –dice la niña.
–Dime, hija –responde mamá, que viene con una nueva ola presa en un cubo color de mar.
La niña coge el cubo y lo vacía en el agujero que ha hecho con sus diminutas manos.
–Yo no me voy a casar –dice sin mirar a mamá.
Mamá sonríe y piensa “¡que cosas tiene esta niña, tan niña!” mientras regresa al agua, a por más agua.
–¿Por qué, hija?
Ahora la ola no se deja atrapar, corre y llega al agujero antes que mamá.
–Porque si me caso, tendré hijos y tú serás abuela.
Mamá detiene el ritmo. El mar no le hace caso y regresa, tal vez algo enfadado.
–¿Y qué tiene de malo? –pregunta mamá, acercando su rostro al rostro de la niña.
La ola mira para otro lado y se entretiene en los pies de una muchacha que camina a lo largo de la playa.
–Que las abuelas se hacen viejitas y se mueren. Yo no quiero que te mueras, mamá.
Mamá enmudece, lo que aprovecha la ola para alzar la voz; llega, se precipita, vuelca el cubo vacío de mar. La niña juega con ella. Le gusta ver los agujeritos que deja cuando se va.
© BlasLeon.
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