Es ser mejor, no diferente, ¿o es al revés? El egoísmo me está agobiando.
La niña tenía ambos brazos marcados, valla a saber uno las causas de sus cicatrices, lo curioso era que la niña nunca lo mencionaba y debido a eso jamás alguien se animo a preguntar.
Cada uno de los amigos armó su propia historia:
“fue su padre, su alcohólico favorito, cuando ella tenia dos navidades menos que ahora. Después de tantos brindis las burbujitas subieron a la cabeza y estallaron en forman de cintos con varios “¡plop!” violentos en los brazos de la niña.
“fue hace dos primaveras, su estación preferida, estaba en la finca de sus tíos, esos, los que nos contó un día; caminaba por el establo, llegó donde estaban forjando las herraduras, en una fatal coincidencia ella tropezó y el herrero levanto su fierro caliente, en un impulso, la niña, alzo sus brazos que chocaron en una mezcla de sonidos entre grito y metal. Esto se lo contó la sobrina de la tía del quiosquero a mi abuela y después a mi mamá”
Estas y otras historias que iban desde el abuso familiar hasta la inocencia natural pasaban por las cabezas de los chicos.
Pero las cicatrices no se convirtieron en un mito urbano del barrio, debido a que la personalidad de la niña, hacía olvidar aquel detalle; sabía saltar la soga mejor que nadie, en las escondidas era una de las ultimas que se encontraba, siempre compartía sus galletitas y cuando era invitada en los cumpleaños regalaba un librito y cuando era la anfitriona nadie se aburría.
Las agujas seguían girando, la adolescencia estaba a dos minutos de los muchachos y muchachas, había hormonas, kilos que se aumentaban, pelos, piernas que se alargaban, rubor, roll on, zapatos fueron algunas de las palabras en el nuevo vocabulario. Y celos, fue un sentimiento que fue creciendo en el corazón de chicos, ya no existía la curiosidad de saber la providencia de las cicatrices, sino era envidia de saber que aquella niña era diferente.
La niña se quedo sola, con sus lágrimas congeladas en los ojos, una conversación sin eco en su cabeza y un palpitar cada vez más despacio que un susurro.
Desolada, melancólica, aturdida de incomprender los gritos de las calle, las palabras de los diarios, lo noticioso en la radio decidió oler por ultima vez su flor predilecta, terminar su primer pompón de lana, ver irse el otoño en la hoja que caía y cerrar sus ojos como un lento alteo de de alas de una mariposa.
Quizás el origen se sus marcas paso por alguna boca pero quien dice que no lo convence más una historia exagerada, esta mintiendo.
Cicatrices de nacimiento, manchas mejor dicho nadie quería creer que existen heridas echas naturalmente y no por la vida.
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