No quiero te enamores sólo de la poeta
que anida en mí desde hoy,
mas hazlo de una repentina nube
el sol del mediodía
la luz que aún me ciega
la caricia y lamento de la tarde
de este lado carnal tan espontáneo
unas alas que llevo de esperanza
el gran vuelco hacia ti de mi interior
tantas ansias de un plato de lujuria.
Estando ahora todo tu en mí centro,
mastico al fin la miel de esta locura
la caricia y el beso me dislocan
y no sé si el azar de estar tan lejos
es lamento, ventura o amapola. |