Entre mi piel y mi alma
hay un piélago
de rosas blancas.
Su aroma, aliento,
sus tallos
arañan vientos.
Desde los riscos,
pardas águilas,
con su mirada,
agujerean tiempos.
Ven y lluéveme.
Ven, caliéntame.
Ven y dora el pan por mí amasado.
Que mi piel está lejos,
detrás de aquel horizonte.
Acompáñame entre rosas blancas.
Levanta las manos con las mías.
No hiramos nuestra piel.
Anda despacio.
Huele.
Acelera el torrente de mi sangre
con la magia de tu anhelo.
Si antes quieres llegar,
contigo vuelo.
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