En un pequeño gesto que le quiero regalar a tus ojos esta noche me voy a dedicar solo a pensar en ellos. Cada parte de tu ser se mereciera un siglo, pero por limite de tiempo, concedo a tus ojos una noche. Y es que fiesta de tal banquete no me puedo permitir el lujo de despreciar. Tus ojos destellan júbilo que se esparcen en mi pecho. Me fijo en tu mirada atenta y parece que me miras el alma y desde ese espacio tan mío, me invitas a verte. Me pierdo y te pierdes, mientras notás que los minutos se divierten. Cuando desubicado, perdido en retóricas existenciales empiezo a tener sed de ternura, basta solo mirarte a los ojos y saciar asi mis adentros. Tus ojos, esos que con mi desatino quizás una lágrima derramen, no tienen más que buscar los míos para que entiendan lo que acaso las palabras y gestos no pueden transmitir. Mis ojos no te mienten, tus ojos te delatan. La ventana al alma, que buen tino. Como si el mundo entero pudiera caber en ellos, y en tanto te miro, ellos se convierten en mundo. |