A veces me canso de ser mujer y de que las hormonas siempre estén presentes cuando mi ánimo está por las nubes o siete metros bajo tierra. De ponerme tan sensible cuando mi cuerpo se desangra y llorar porque vi el viaje de una hoja que cae de la cima de un árbol al desgastado pavimento. Suele suceder que en momentos ni yo me soporto y agradezco a Dios que haya puesto en mi camino a un hombre que con paciencia milenaria me trata de comprender, a pesar de que me mire como a un texto escrito en arameo. Además en ciertas oportunidades y sin querer, saco a la luz una facultad en donde las mujeres son el referente: la interpretación paranoica, el leer entre líneas de manera casi melodramática e inventar en menos de 60 segundos, toda una historia que jamás pasó y concluir en la frase de: “ya no me quieres”. Pero no todo es malo, tenemos nuestras virtudes y enumerarlas sería como seguir la secuencia del valor de pi. Y no exagero, ¿de acuerdo?
Se me viene a la mente lo de que somos incomprensibles, frase que sale la mayoría de las veces de la boca de los hombres. Deben entender que no siempre hablamos de manera directa y que una metáfora o una señal discreta de vez en cuando no es mala para romper el ciclo de comunicación de Jakobson. Esto se ejemplifica cuando queremos que nos abracen y nos mimen, sólo nos dan un beso, se sientan a nuestro lado y en su mano cobijan al control remoto y graciosamente cuando queremos totalmente lo contrario y damos señas de mantener la distancia, nos empalagan con su presencia. Tal vez un poco de Marcel Marceau les haga bien. Igual creo que ellos no tienen la culpa totalmente de ser así puesto que son criados por mujeres que repiten la misma fórmula que después otras lamentan. Eterno círculo vicioso que me propondré romper.
A pesar de que a veces puedo ser obsesiva compulsiva celosa paranoica con ataque de hormonas cada 21 o 22 días, me gusta ser mujer, ser XX, de que me abran la puerta, de tener la preferencia al abordar algún medio de transporte o en las cajas de supermercado si se está embarazada, que ante una desgracia siempre sea “mujeres y niños primeros”, de tener la hermosa posibilidad de concebir otra vida en mi vida, de jubilarme antes, de ser víctima siempre y aprovecharse de eso, de tener el control en varios aspectos haciéndoles creer que ellos lo tienen, de tener una fuerza interior que es capaz de soportar cualquier dolor físico o emocional y salir adelante, de ser actrices naturales que representan diversos papeles en esta sociedad, de odiar cuando te dicen “andas en tus días” pero usarla como excusa para cuando nos convenga y no dar explicaciones, y tener tantos comerciales en los medios de comunicación que nos alaban, y que si quieren remítanse a ellos para seguir con lo que he escrito o a “Mira mujer” que es de mi cosecha (propaganda fácil).
Por cierto, no quiero parecer feminista porque no creo en tal corriente ya que los hombres son excelentes compañeros cuando tienes al indicado y que sin ellos, no podría apreciar lo hermoso que es ser mujer.
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