Una Nota (basado en hechos reales) por: qué?
Eran las 2:30 a.m. y desde luego que no estaba dispuesta a levantarme, pero aquello lo cambio todo, esa llamada inesperada y más que inesperada, por que así eran todas, las 2 o 3 llamadas que recibía al mes o al año quizá, pero no esta, esta no se escuchaba del mismo modo, desde el timbre del teléfono, como gritando una suplica, a la vez que exigiéndome quebrantar mi insomnio sobre aquella cama, así fue y tras algún tiempo negándome a su estruendo, lo logro – ¿María? Soy yo Antonio: ¿cómo estas?, mira estoy conciente de la hora, pero tenía que llamar es Miles- ¿Qué? ¿Qué demonios le pasa a Miles? ¿Otra vez se opone a comer? – entonces escuche a un Antonio que no conocía, un Antonio más bien inseguro molesto sorprendido pero sobre todo se escuchaba muy asustado, aterrado el miedo le carcomía a cada palabra y no podía explicarme que diantres le pasaba a Miles – María es inevitable pero más que eso inexplicable estoy estoy estoy- ¿Antonio?- dije con una angustia más bien furiosa sobre todo por la hora y que le diera tantas vueltas al asunto aquel, total si Miles se había jodido de algún modo me sorprendería, él no acostumbra meterse en problemas y la vida no se mete tanto con él pero en fin, si algo le ocurriera yo era la persona menos indicada a quien hablar, que se espera de alguien como yo que me vale madres mi vida. si muero hoy o mañana es igual quizá esa mañana no iría a trabajar en aquel agotador empleo que perdí, pero siempre algo nuevo una cosa tras otra, así es que no titubee ante su repetir “estoy estoy estoy...” ¿Antonio? ¿Cómo carajos estas?- Estoy... es que tienes que venir es Miles tienes que verlo ayúdame no tardes es Miles... – Me dijo esto soltándose a llorar de un modo inconsolable a la vez que tan aterrado como no había escuchado a nadie jamás, entonces no lo dude le dije - estoy contigo en un momento – No tardes María por favor... – y ese por favor no lo he escuchado decirse con tal fervor y pánico, colgué el maldito teléfono, mudo, más bien indispuesto y no tuve opción, estaba sorprendida y algo aterrada así no era Antonio y yo no podía explicarme que algo pasara con Miles, después de todo eran muy tranquilos y apegados el uno al otro incluso después de que Irene comenzó la mudanza volviendo a la vida de Antonio y claro a la de Miles, así los hechos, no pude más que sorprenderme aunque más que un cierto miedo me movió una curiosidad intensa, casi morbosa ¿Cómo era posible que la vida de esos tres personajes hubiera cambiado un algo? Eran sólo tres miserables sin mucha preocupación y que se veían tristemente felices, pero ni que hacer ante sus confusas palabras, corrí por mi abrigo y me lo eche encima de la casi ropa que me alcance a poner, no olvide mi litro de té bajo la cama y claro lo lleve a presenciar aquello. Una calle separaba su casa de mi hábitat pero era claro que un mundo nos dividía radicalmente, ante todo no me hablaban desde hacia meses, ni Irene ni él, claro que Miles mucho menos pero hasta pensaba que él me llamaría antes que ellos, absurdo al fin y al cabo, o hasta ese momento, atravesé presurosa con aquel “mágico” peinado que tanto me encanta y tan fácil de lograr, basta con algunos detalles comunes, por ejemplo un mal día en el trabajo o en el desempleo, en el amor o en el sexo o en todo y pues un insomnio terrible, así pues, das de vueltas en la cama intentando dormir sabiendo que no lo lograras hasta unos minutos antes de el estruendo del despertador, pero bueno así me fui ¡maravilloso!. No tarde en llegar frente aquella puerta de madera tan imponente y protectora de aquel misterioso silencio en el que vivían mis tres lejanos amigos, pensé en tocar tan sólo dos veces como de costumbre pero cuando mis nudillos se disponían a dar el segundo golpe a la puerta, golpeé más bien una cortina de humo, rondaban los espíritus como de 40 o 60 cigarrillos, entonces mire a Antonio muy abatido y aterrado, vuelto loco, con algo que lo tenía muy activo y frenético, jalaba desesperadamente, ansioso el cigarro en turno, era como si quisiera tragárselo todo de un golpe, le vi los ojos empañados y cuando me disponía a hablar de inmediato dijo – María, María gracias por venir, tienes que verlo no puedo dejar de temblar y no sé que pensar y sentir con esto es Miles María... Miles...- Y me abrazo como nunca lo hacían él o Irene, con una impecable sinceridad, a lo que no me quedo más que corresponder, sobre todo por mi encanto por los abrazos, sé que no todo el mundo disfruta de los abrazos y busca cualquier pretexto para uno y yo me consideraba de esas personas pero hacía tanto que los abrazos eran a cuentagotas que yo aprovechaba para abrazar al cartero en Navidad o me mandaba yo misma una carta y cuando me la entregaba fingía buenas noticias y lo abrazaba, no quería nada con él pero es lo más cercano que tengo, el cartero. Al fin de aquel abrazo suplicante no a mi, sino a el mismo, como pidiéndose no sé que, me tomo del brazo y subimos cada uno de los 16 escalones hasta la habitación del fondo, donde usualmente se encontraba a Miles aunque él siempre muy libre y por todas partes, Antonio se adelanto unos pasos y frente a esa puerta cerrada a la que no se había acercado ni 7 metros desde que me hablo del cuarto de al lado y se detuvo tajantemente, volviéndose hacia mi con una mirada de miedo interminable, parado entre la puerta y yo, él ya había llegado una vez más hasta ahí y claro ya me había convencido a mi de faltarle al respeto a mi insomnio pero en ese justo instante como que se arrepintió y me miro ahí parado decidido a no permitir que nadie entrara y como retándome a que sobre su cadáver, pero no duro mucho en su posición y me abrazo diciéndome al oído:- Irene no sabe, tuvo que quedarse de guardia en el hospital, no sé como explicarle ni supe a quien llamar, creo que sólo tú María estas en posición de entender esto – una vez dicho esto me soltó y abrió la puerta... ¡Que diantres! nunca había visto tal cosa y dudo volver a verlo, era Miles, el mismo Miles que jugaba con mi suéter todavía dormido y lo deshilachaba, el gato más hermoso que yo haya visto jamás, y tan tranquilo, fue horrible y más que eso fue completamente aterrador e inexplicable, Miles se había ¡colgado! Si que demonios, estaba colgado con una soga cerca de la ventana abierta de par en par, el gato colgado del cuello, sin un ápice de vida, entonces no supe que hacer ante tal horror y cuando menos lo percibí Antonio estaba de espaldas cerca de la puerta y me dijo – ¿Por qué María? ¿Por qué? ¿Cómo es posible que Miles hiciera esto? No sólo por el cariño que nos teníamos sino por que es un gato ¿cómo pudo...cómo pudo...colgarse? – Yo no entendía un carajo quien podía haber entrado y hecho tal cosa, quién lo odiaría tanto, pero luego algo de claridad al respecto a la vez que una confusión inenarrable, Antonio me miro y dijo aterradísimo – Dejo esto María – grito –dejo esto ¿puedes creerlo? – y me extendió una nota, si, una nota suicida escrita por un gato, me pareció sorprendentemente estúpido pero posible, estaba doblada en dos y al abrirla me quede completamente perpleja, ¡estaba escrita en lengua gatuna!.Ya no había lugar a dudas pero aún así mire atentamente aquella nota suicida y después de observar bien algunos detalles concluí en que efectivamente era la letra de Miles, Antonio se dio cuenta de mi sorpresa y me dijo - anda María dime que demonios son esas rayas y puntos, ¿por que eso sobre el papel? ¿Por qué? – pues no dije ni una palabra y leí la nota de corrido la cual decía:
“Queridos Antonio e Irene, para cuando lean esta nota...
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