El diletante
El agua mansa, espera,
disfrazada de espejo azul.
Caer, dejarse acariciar,
hundirse y más tarde flotar.
Permitirle limpiar, dolores borrar.
Olvidar, atravesar,
volverse liviana y reposar,
a la nada abandonar.
Morirás- dice el diletante-
si me abandonas,
morirás si te mueves,
morirás si le lloras,
morirás, incluso, si le añoras.
Los dedos del diletante se abren paso por mi espalda,
horadan los músculos, pulverizan el hueso.
Una lengua de fuego quema los pulmones hasta llegar a la abrasada garganta.
Silencio, sólo silencio,
a nadie digas que su pétrea estampa muerta te acompaña.
La pena camina hacia arriba inexorable.
En los flancos, la duda le abre caminos.
El diletante tapona la herida con una masa enrojecida de nervios y sangre.
Presiona hacia abajo, el tiempo se expande,
la vida se aquieta, el latido se para,
el corazón revienta,
la muerte se distrae sembrando de sombras su cara,
mi padre descansa.
El agua mansa, espera,
disfrazada de espejo azul.
En pie, tranquila y serena, mi reflejo le miente al agua.
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