La puerta se abre.
La conciencia llega lentamente, y mis músculos adormecidos ejercitan lentamente su vigor.
Estas ruinas glorias de tiempos remotos, son mi morada y mi cárcel.
He luchado y mis manos se curtieron, con la sangre de mis enemigos.
La puerta se abre a la noche de los tiempos, se que mi destino es ser sombra.
El ser de ojos de fuego, bajo el manto de la niebla, llega en busca de sangre a la aldea.
Atrás quedaron su vida de hombre y héroe de Valaquia
Vlad tepes, se detiene, a través de los negros cortinajes, ve la luz naciente del amanecer,
y no puede detener el impulso, quiere ver la luminiscencia en los Carpatos, sabe que esta será su ultima visión, aquella que lo acerque al hombre que fue.
El viento arrastra las cenizas, acariciando en su viaje los altos pinos, hasta llegar a las márgenes claras del Danubio, y así en las lentas aguas iluminadas de sol descansa el empalador.
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