Anoche, después de despedirme de tus brazos, llegué a casa a seguir saboreándote en la mente, pensándote, amándote. En la noche sucumbí al cansancio, y sin tiempo a apagar el televisor, me incursioné de pleno en la excursión de soñarte. Dormí tranquilo, cerré los ojos pensándote y te encontré cuando los abrí, en un limbo descansado en tu liraza. Pero, solo dormí por un par de horas, y me despertó un recuerdo de ti fulminante contra mi sueño, y es que ahora los sueños son opacados por la realidad, resulta que te amo. Y este insomnio acreditado sin equivocación a ti, no es nada mas que un síntoma de la linda enfermedad del amor. Las horas han posado la responsabilidad de hacer pasar el tiempo en una manivela de lentitud minuciosa, así que aprovecho e ingiero con calma, sin apuro mínimo, pócimas dulces de ti, recordando con paciencia todas las caricias que nos dimos, cada mirada que no hacia mas que juguetear con mi alma, cada beso que nos daban claves simples y concretas, de nada, y de todo. Luego pienso que hoy te veré, y que podré archivar sin duda otra fortuna de memorias, para que roben mis noches de las manos de la maravillas del país de los sueños, y te conviertas en mi país donde despierto vivir mis sueños. |