desobediencia.
Observa desde la luminosa ventana el jardín cósmico, cada flor, cada pájaro que navega en la calurosa tarde tiene su destino.
Cantan los ríos y la lluvia arrastra, en su viaje sin destino, las doradas gotas de sol.
Cansado y con las preguntas, flotando en la delicadas aguas de su alma, sabe que el impulso
lo enfrentará a su destino.
En cada viaje ,ha dejado parte de su luz, su corazón se angustia y las bellas imágenes del jardín se oscurecen , aunque la luz del sol y la lluvia juegan indiferentes.
Escucha el mandato, y la voz se pierde en la lejanía, en esa lejanía sin tiempo, ni espacio.
Presuroso, porque sabe, que las imágenes que dejará atrás le lastimarán, extiendes sus alas.
En las sórdidas moradas se escuchan llantos, los niños ruegan, se retuercen inocentes,
Muchos jamás han visto la luz, han sucumbido bajo amores incestuosos.
Se acerca lentamente , presintiendo que ya su destino fue labrado en su corazón.
Más allá en la brumosa oscuridad, las madres derraman la leche cuajada, los insectos hambrientos, se alimentan de sus purulentas carnes.
Temlakos , con lágrimas en sus cristalinos y humildes ojos, observa por ultima vez a los niños, y con su voz dulce como el canto de la lira se despide.
Cuando la luz de la aurora, derrama su miel por los campos, labrada en un inmenso risco,
la palabra desobediencia se refleja en las cristalinas aguas del silencio río.
Según el testamento de Pedro, los niños muertos por abortos eran entregados al ángel TEMLAKOS.
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