Religiosidad.
Le habla al oído, mientras con frenesí lo penetra, su verga empuja abriéndose camino, siente el sudor deslizándose por su rostro, el sabor dulce de la sangre se arremolina en su boca.
Su mente como un teatro se puebla de imágenes, mujeres que lo flagelan, una mano robusta y sudorosa que aprisiona su verga hinchada y el semen fundiéndose en el estiércol.
Llega al éxtasis, esta a punto de estallar, tironea del cuerpo al cual veja, y con espasmódico y frutal deleite su esperma inunda el calido orificio.
El Márques se incorpora, y con una sonrisa, agradece al dolorido cura por su confesión
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