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Inicio / Cuenteros Locales / umplugged / Cuenta-vidas

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“Esta noche me despido.”, su voz sonaba más cascada que nunca, como si la hubiese rescatado del mismísimo pozo de los abismos. ”No creo que pueda hacer ya nada”, continuó, ”supongo que rectificar es de sabios y no es que yo lo sea, pero me gusta aparentar, y en el fondo de mi propio egoísmo algo me dice que debo empezar a pensar en mi mismo. Creo sinceramente que lo bueno que tengo corre el riesgo de convertirse a una vida nómada e ir recorriendo los corazones que regalan pequeñas esperanzas para descubrir finalmente que en realidad solo eran eso, pequeñas razones para retrasar la cita con lo inevitable. Así pues no podré venir mañana a contarles que mi día fue o dejo de ser de un modo o de otro, tengo asuntos personales que resolver antes que ellos me resuelvan a mi enviándome exactamente al mismo sitio del que me rescatan cada noche. ¡Ah, por cierto!, si ven a la muchacha que me solía acompañar en noches como estas no hará más de 5 o 6 lunas, le comentan que he ido a buscarme, pero que volveré pronto, y que si quiere esperarme que vaya pidiendo algo, pero me temo que ella también tendrá asuntos personales que resolver, y esta vez yo no seré parte activa de los mismos. ¿Me dejan que les confiese una cosa? Si pudiera ahorcaría hombre a hombre a todos lo que la miran, a todos los que la escuchan, a todos los que la ven, pero supongo que con tanto trabajo no me quedaría tiempo para ser lo que quiero ser, y aunque algunas mañanas me recuerdo a mi mismo en el espejo, les diré que por las noches no me reconoce ni el hueco que construí en mi colchón a base de dormir siempre en la misma posición, mirando el hueco que ella llenaba con una mirada, que cubría con un beso, y hacia el mejor de los paraísos con toda su pasión. Saben que no acostumbré a mentir en tantos años de profesión. Este oficio de cuenta-vidas es lo que tiene, a veces resulta anodino, pues al fin y al cabo siempre cuentas cosas que tu ya has vivido, pero el sentir las miradas cómplices de todos los aquí presentes, mi público fiel, hace que todos los sufrimientos que les vengo relatando últimamente hayan merecido la pena. Pero ya les comenté que es hora de pasar a la sombra, a descubrir yo también hasta dónde puedo llegar por mis propios medios. Supongo que aunque deseo que esto sea una despedida definitiva, llegará un momento en el que necesite de nuevo contar lo que va pasando por mi vida como una película de Tarantino, sin orden lógico, pero con esa extraña magia que la hace increíblemente real. Así pues, solo decirles que si en algo les falté en cada una de mis noches me disculpen, y que en el fondo ustedes me conocen más que yo mismo, así que sé que me entenderán. Gracias y buenas noches”.

Mientras el viejo se levantaba dejé sonar mis palmas y como único espectador de las mismas 5 o 6 lunas le deseé suerte en silencio y abandoné la sala, dando la espalda a aquel viejo perdedor.

Texto agregado el 16-11-2003, y leído por 231 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
2003-11-16 00:40:58 muy bueno! alcorpickett
 
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