No hay lágrimas,
en los ojos del niño sólo hay agua.
No hay sonrisa,
en el rostro del niño sólo hay miedo
Los recuerdos de su casa
no son buenos.
Le duelen las manos
a causa del hambre y del trabajo.
Le duele ver el rostro
triste de su madre,
el gesto de impotencia de su padre
cuando trae a casa
el alimento insuficiente
para tantos.
Le duele la envidia
en sus hermanos cuando escuchan
que es él el elegido
para ir al otro lado.
Juró que les haría
un sitio en la esperanza.
Juró no regresar
con las manos vacías
y ahí está ahora
en medio de la nada,
aterido,
en la noche que corta
con el filo del agua.
Ojos en la patera
que divisan en su norte,
sur de España,
la tierra prometida,
el sueño imposible
de los que no tienen nada.
Blas León.
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