(Dedicado a Iolanthe)
Después de una ardua caminata por ciertos bosques de antaño, un atardecer, la encontré. Cansado y perdido decidí sentarme sobre una roca y entonces la roca protestó:
- ¡Joderr! ¡Me aplastas la cara!
Sobresaltado me incorporé en tanto observaba sin atinar en todas las direcciones posibles excepto, claro está, bajo mis posaderas y trataba de relacionar de donde provenía la dulce y cabreada vocecilla que me había hecho reaccionar. De nuevo la voz se hizo vigente y aclaró:
- ¡Aquíííí! ¡Bajo tu culo, animal! Mira aquí y me verás…
Esta vez me volví observé la roca, estaba cubierta de un manto de musgo verde y brillante. Y sobre aquél sobresalían dos ojos claros muy atentos, y que valga la redundancia, no me quitaban ojo.
El musgo se presentó como Iolanthe: ex bella dama del bosque que recolectaba sus secretos hasta el día en que se topo con una criatura hermosa y mágica. Criatura de la que todo el mundo habla y nadie ha visto jamás; animal sagrado conocido como: unicornio. Ella prendada con su noble lucimiento aceptó su palabra y… su hechizo…
Hablamos mucho aquella tarde y enseguida aprendí de su modo de ser sencillo, directo pero sobre todo, sincero. Luego, me indicó el camino de vuelta. Y hoy sigo todavía al habla con Iolanthe.
Abandonó su condición de musgo - aunque uno nunca deje de formar del todo parte de la naturaleza – y vive en una zona de Madrid.
“Iolanthe.” Ilustre cuentera, es más que un simple ente de la página. Siempre partícipe en los foros del sitio un día decidió crear y creó el “foro cinematográfico.” Foro útil donde los haya; pues en el se comentan películas de todo tipo y las últimas y antiguas también, y es como una cartelera a la que puedes acudir cuando estás sin recursos sobre a dónde ir.
Iolanthe, a veces puede parecer impetuosa pues da su parecer con palabras concisas pero contundentes. Aunque nunca es agresiva y no busca sino aprender y dar a conocer lo que ella misma atesora. Aquellos conocimientos que tal vez aprendió mientras recolectaba bayas la vez en que visitó el mundo Feérico; o los saberes que acuña día a día mediante su esforzado trabajo, en tanto sostiene el peso de las almas de muchos de nosotros y proporciona un hilo conductor de vida y esperanza; esos discernimientos que solo es capaz de descubrir alguien que aprende a observar, ya que parte de su vida consiste, precisamente, en eso mismo. Tomarnos el pulso a los demás…
José Fernández del Vallado. Enero 2006. Josef.
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